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viernes, 20 de mayo de 2011

Luis Vidales

Descubrió otras calles cuando llegó la noche. Al amanecer se perdió y esperó la oscuridad para encontrar el camino a casa.

martes, 3 de mayo de 2011

La vida

Ya lo había publicado, no acá, pero amerita hacerlo de nuevo, para mi, claro:

Mi abuelo no dejó su pueblo. Aún vive en aquella casa de habitaciones amplias y luz generosa. Por las tardes sale con el único interés de saludar a los vecinos, encontrar un lugar en la cafetería del parque principal y allí dejar pasar las horas y el calor. De noche juega parqués con amigos de infancia, recorre las calles de sus recuerdos y sigue con voz ronca no sé qué melodías de guitarra y aguardiente.
Cuando llega a casa, piensa en la abuela. A veces lo siento triste, pero se anima sin dar espera. La contempla, le canta y la busca al dormir. Yo lo he escuchado dedicarse a ella en sus palabras.

Mi abuelo sigue en ese otro pueblo, no reconoce las fotografías y los relatos de la historia. Por las noches es costumbre cerrarle la ventana de su habitación. Con el frío de esta ciudad puede enfermarse y no quiero que deje de soñar con la abuela y olvide las noches de amigos sobre fichas de parqués.