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sábado, 24 de septiembre de 2011

Tejada y El Gato

Para un gato caleño.

Vive en la ribera. Usted lo encuentra por azar. Él no es un punto fijo en un mapa turístico de Cali. No premedite su hallazgo, no busque pistas entre felinos agazapados bajo los puentes o en alguna panadería, lo ignorarán, es seguro. Abandone la esperanza de flechas y nombres dibujados en un cartel esquinero. Sólo camine sin contar cuadras y suponer rutas de evacuación. Así lo puede hallar; y aunque usted haga un comentario acerca del clima o de los tejados de barro en el estilo arquitectónico actual (inicio de un saludo), nada habrá en esas palabras que le sea tan vital como lamer su pelaje carmesí y afinar sus bigotes en forma de espiral.
El Gato es un anfitrión popular entre los pájaros. Ellos descansan en su cola e intentan recordar la ruta de su vuelo migratorio; una facilidad de hospedaje y búsqueda de ráfagas de aire procurada sin firmas o monedas al vacío. Tampoco dude de sus visitas al Parque del Perro en las noches, cuando deja de ser monumento y adquiere una mirada de ojeras y desengaño que en la mañana le causa molestias. A él le gusta la llegada de las tardes, pues unos cuantos caleños tosen y suspiran y bostezan en las banquitas cercanas, esperan algún maullido personal hecho de palabras sobre la sucursal de cielo. Debe divertirle no cortar tal misterio y salir en fotografías, aunque evade las especulaciones ligadas a su soltería y a las gatas de la ciudad.

El Gato no llora. El río Cali parece no preocuparle. Le da la espalda a la indiferencia de sus concubinas y le es indignante la poca consideración: nadie lleva un radio para escuchar Compay gato.

miércoles, 14 de septiembre de 2011

Los ciegos

El primero de ellos detuvo el tiempo. En una mañana, en una calle, sintió que era sedado por la nitidez. Cuando vio su cuerpo reflejado en un edificio de espejos, revelando sus rasgos y los de la ciudad a su espalda, se sacó los ojos.

lunes, 5 de septiembre de 2011

El Devora Humanos

Que hay un animal salvaje suelto en la ciudad, no sé si creerlo, pero no sabemos, la gente puede decir la verdad Soy nueva acá, y desde mi llegada El Devora Humanos es el tema ritual. Las historias no son pocas y terminan con sangre y carne y huesos olvidados en la calle. Ayer no más hablaban de un man desmembrado a la salida de una discoteca de La Badea. Yo visitaba esos lares y no vi otro igual, como dicen los periódicos. A mí me pica la curiosidad y le hago muchas preguntas a quien está cerca. Me gusta conocer respuestas.

La otra vez escuché sobre una familia entera que al parecer fue despellejada. Me confundí. Pensé, ¡Coincidencia! Aunque luego de los resultados forenses no había razón para preocuparme. Hasta ahora El Devora Humanos es un felino grande, un puma o un jaguar según las investigaciones, dice la prensa. No lo han visto, y los especialistas reafirman su conclusión cuando responden las preguntas y muestran las huellas encontradas en la “escena del crimen”. Yo estaba nerviosa, en serio, tal vez me culparían al analizar mis patas. Menos mal El Devora Humanos no tiene rostro de mujer. Ya le conté la historia. Viene la adivinanza.