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miércoles, 23 de noviembre de 2011

Entrada y salida


Habitar en el último piso de un edificio de cuatro nive­les supone una imagen repetida. Usted abre la puerta de entrada al edificio, sube quince escalones y encuentra un corredor pequeño al doblar hacia la derecha y gira noventa grados sube quince escalones y encuentra un corredor pe­queño al doblar hacia la derecha y gira noventa grados sube quince escalones y encuentra un corredor pequeño al do­blar y noventa grados quince escalones corredor pequeño y final del recorrido: la puerta del apartamento. Solo queda abrir y entrar, olvidando, a causa del cansancio, los libros y las maquetas al lado del semáforo de la esquina, esperando, además, una tarde poco calurosa, no como la de ese mediodía cuando cruza la calle y se pregunta, al observar un edificio de cuatro niveles, si era mejor opción haber tomado el elevador.

jueves, 3 de noviembre de 2011

Eva

Hubo silencio en El Jardín. Nada se atrevió a quebrarlo. La creatura reciente no podía ser rebajada. Una presión involuntaria lo impedía y cada ser vivo en el mar, la tierra y el aire trató de no envenenar lo más divino y terrenal con un acercamiento torpe.
Adán, quien estaba en la cima de una colina, componiendo imágenes con las nubes, fue distraído por aquel mutismo. Extrañado, se asomó al lugar del cual provenía esa falta de ruido. Vio una multitud aglutinada. Así que bajó y se abrió paso entre los nombrados hasta llegar a Eva.
El primer hombre de la tierra observó a la pri­mera mujer, a quien no adivinó en su juego de formas celestes.

–Puedo vivir con o sin Él, pero no podré hacerlo sin ti –le dijo.