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lunes, 20 de octubre de 2014

Torre de Babel



Bien podría ser consulado mundial. No hay nacionalidad de privilegios y coleccionar sellos migratorios implica entrar en un juego de libretas para nómadas, lleno de letras confundidas sobre un espacio de ojos y café con horas de insomnio. Plaza y callejuela, ciudad momentánea de reloj rígido, barca políglota, abecedario cosmopolita.
Torre de Babel.
De una silla a otra salta el español y será portugués. Dejo atrás las costumbres de ministerios y la economía nacional como sombras despegadas del cuerpo. Día de nacer en la patria de la espera hacia el cielo, cuando especímenes de migración revisan libretitas con nombres y escudos. Me apartan de la realidad con estandarte y geopolítica. Aquí no tengo país y el niño que era USA juega conmigo.
Busco el vuelo hacia Costa Rica y pienso en la vacuna para una fiebre de color alucinante. Pero los transbordos tienen su constitución y la visa es mi origen y destino. Consulados de país en país de tres horas donde pregunto a un salvadoreño en Bogotá y en San José un chino lo repite: ¿This is the room? –his question - ¿Where are you going to go? –my question - To Mexico –his answer - yes, it is the room –my answer.
Fiesta de pasillos, economía básica, durmientes en esquinas. En México alguien de California a Panamá, de Quito a Monterrey. Hay una carrera de maletas con destino Cuba. Lejos se despiden de la ciudad de estrellas bajo sus pies. Room 15 o 32 en el pasaje; villa atemporal.
Podía ver a cada persona recorrerlo, como lo he recorrido, en la fatalidad de no ser migrante por completo. Vivo en una nación fragmentada, pertenece a todos y a nadie.