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viernes, 25 de octubre de 2013

Anuncios como recuerdos



Los tiempos de puntos suspensivos y globos de palabras desaparecen. En el Zócalo una serpiente de voces interpreta el enojo. Llega, también, el sueño solar, y sobre las fachadas de la catedral  y los edificios que parecen un dibujo en papel, la luz intenta sostenerse ante la sombra reptante. Es el susurro que ilumina, calienta el rostro y atrae; busca, indaga, devela las efigies citadinas y se pierde poco a poco en una calle. Presenciamos el fin del atardecer.





Aunque en un julio remoto, el mensaje de participación vindica a las personas. Esperan el alzamiento de la gran ciudad bajo este tiempo de concreto y fibra óptica, cuando la plataforma se quiebre y de una abertura emerja la ira antigua y propia; una imaginación colectiva anunciada en el valle de volcanes y gran lago. Ahora están ellos en perfiles de arengas y pancartas, necesitados de un ritmo nuevo. Desafían demonios, templos impuestos bajo la lúdica y la razón. Vierten un acto honroso, un hecho, también, de impulso, palabras y eco, el grito y la comunión para ejercitar un derecho que desaparece.


En el Zócalo de Ciudad de México no son multitud, no son masa informe. Pero los símbolos de la gran serpiente bajan por las calles y se alejan con la tarde. Sólo quedan fotografías de turista y anécdotas entre conversaciones en la misma realidad.

8 comentarios:

  1. Me gustó la forma de encarar el tema, yo creo que (mal que nos pese) no es patrimonio del Zócalo de la Ciudad de México, yo siento pulsar el mismo ritmo amenazador en diferentes lugares de América.
    Un fuerte abrazo.
    HD

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    1. Claro Humberto, tenés toda la razón. Lo que pasa es que ese fue un momento muy interesante en el Zócalo, por eso allí lo situé. Quiens protestaban, casi todos del movimiento Yo Soy 132, Iban a ver por una pantalla gigante el último debate de los candidatos a la presidencia de México. Pero esas grandes marchas quedaron allí y poco a poco se fueron o fuimos olvidando y volvimos a una extraña normalidad donde las comentábamos como una anécdota más.
      Saludos.

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  2. Concuerdo con Humberto e incluso lo amplío a algunos países de Europa, como España, que andamos de manifiesta en manifiesta porque nos están dando por todos lados.
    Es la realidad mundial pese a quien pese.
    Me alegró la conexión entre micro y música.
    Saludos desde Tenerife.

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    1. Gloria, las manifestaciones están ya por todo el mundo. A veces es bueno sentirse vulnerable ante algún peligro para no estar tan en paz y sentir que nada malo podrá pasar. Hay que estar atentos.
      Abrazos.

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  3. Me gusta tu blog Cada vez que arribo a tus letras aprendo abrazos

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  4. Un retrato que impacta acerca de un país que no ha logrado sentir una auténtica sensación de ley y orden a través de tanta historia.
    Por éso tantos de sus habitantes mejor lo siguen abandonando y estableciéndose aquí por ésa sed de justicia y de oportunidades que allá les niegan. Antes el mexicano emigraba menos porque la nostalgia se lo impedía, pero a través de las migraciones se ha establecido acá una población que suple ésas carencias nostálgicas, sobre todo alimenticias.
    A cá en cualquier supermercado compras cajeta o nopalitos, salsa verde o hasta la rosca de reyes. En cualquier parte te hablan español y hasta el exámen de licencia de manejo te lo dan en ése idioma.
    Ningún país es perfecto, pero aquí hay más paz y el que quiere y se dedica logra sus metas.
    Me gustó el toque poético místico que imprimiste a la narrativa.

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  5. Gracias Carlos, y tienes razón, el país está en crisis y la migración es constante. No sé si es más que antes, igual el hombre es por naturaleza un nómada, siempre se ha movido, para él no hay límites ni fronteras, pero tampoco se le debe dar la espalda a lo colectivo, a lo que es nuestra raíz; si pensamos en olvidar nuestro lugar de origen, si lo descartamos, también lo hacemos con nosotros; hasta los más negativos y críticos piensan en su tierra. Salir y buscar mejor vida es válido, pero también debemos ser conscientes de que dejamos algo que debemos proteger, así sea con la memoria, y no olvidarlo en su destino. Yo soy colombiano Carlos, vivo en México y me encanta, no salí de mi país por problemas económicos. Lo mismo acá hay muchos estadounidenses.
    Saludos.,

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