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lunes, 22 de septiembre de 2025

Configurar un modo de ser en red sujeto a lo global: experiencias con los colectivos de transmisión de datos

La formulación de la globalización como vía de progreso desde finales del siglo XX

      
Composición de una vinculación de México a la presencia de la globalización

            
Las telecomunicaciones en lo tecnopolítico, ensambles de cables a finales del siglo XX                               
Ante la presencia global de la conmutación de paquetes, experiencias de enlaces en México


La presencia de las computadoras en la década de los ochenta

          
Discursos sobre el futuro y la dependencia tecnológica en Baja California y Tijuana en los ochenta


Expansión de colectivos para la transmisión de datos en Baja California y Tijuana a finales del siglo XX


Computadoras personales, presencias en Baja California y Tijuana


El anuncio del futuro en el surgimiento del modo de ser en red de internet        

Modos de ser de las redes en las disputas por el valor del dato y la información entre los sesenta y noventa

 Conectar desde la cibernética, otras composiciones de modos de ser de una red

       
La composición de la conmutación de paquetes en los modos de ser de una red


Estándares, protocolos y enrutadores en los modos en red de conmutación de paquetes


Expansión del modo en red de paquetes y TCP/IP en los ochenta

domingo, 21 de septiembre de 2025

Constituir un modo global de la información: vínculos entre lo humano y las tecnologías digitales de transmisión de datos

La función expansiva de la tecnología en la sociedad antropocéntrica del siglo XX

           
La función expansiva de la tecnología en México y en la condición de frontera


Simultaneidad y redes en la relación humano/computadora          

              
El surgimiento de la información como valor que media la relación con la tecnología 

      
Presencias de la práctica telefónica en Baja California en los sesenta y setenta

Componer lo digital para un enfoque universal de transmisión de datos

La configuración de un ensamble de redes a través de la electricidad        
 

Integración de la práctica telefónica a la configuración del ensamble de redes            
 

Experiencia humano-tecnología a través de lo digital para datos e información            
 

El ensamble tecnológico para una automatización y computación    

Tiempos de las presencias tecnopolíticas: el Capitaloceno y la perspectiva posthumana

Antropoceno, preocupación sobre el desarrollo y progreso            
 

Capitaloceno, preocupación sobre el modo de posicionar el Antropoceno    
 

Desarrollo y progreso en la reflexión sobre las relaciones tejidas en lo humano
 

Un esquema en red para un modo de ser de los datos y la información en lo digital
 

La agencia de las cosas en la relación humano-tecnología                        
 

Lo tecnológico condicionado en las tecnopolíticas globales y antropocéntricas            
 

Modos de ordenar la tecnología con perspectiva histórica

sábado, 7 de agosto de 2021

El Jaime y su mural


Dioselina Tibaná consiguió una franja de opinión en la televisión pública de Colombia. La contrataron en ¡Quac, el noticiero! para comentar las recetas del poder desde la cocina de la Casa de Nariño. Dioselina Tibaná, asesinada el 13 de agosto de 1999 en una calle del barrio Quinta Paredes de la ciudad de Bogotá, fue cocinera y consejera presidencial.

Dioselina informó sobre las habladurías de esa casa alejada de todo conflicto. Llegó a ser tan popular que en 2016 la dibujaron en una pared de la Avenida Calle 26. Dioselina se hizo mural luego de las pintas del colectivo MAL Crew. En esa serie de bloques puestos uno sobre otro, uno al lado de otro, abrió sus manos tridimensionales y dijo “La paz a fuego lento”. Lo dijo detrás de un alambre de púas, rodeada de un prado de la sabana, después de un NO en un plebiscito cuyo objetivo era una palabra ausente en el país.

Pero Dioselina también fue Godofredo Cínico Caspa, abogado de la ultraderecha, Néstor Elí, vigilante del edificio Colombia, Heriberto de la Calle, lustrabotas de trajeados urgidos de votantes y poder, y Jaime Garzón, humorista amenazado de muerte.

Antes de Dioselina, el MAL pintó a Jaime el humorista en la misma pared. Primero fue grisáceo, luego tuvo color y mazorcas alrededor. “Hasta aquí las sonrisas, país de mierda”, mentó, y dijo “mierda” porque el 13 de agosto de 1999 fue eso. Aunque ahora ya no están ni Jaime ni Diocelina en la Calle 26. Sus imágenes se transformaron en Heriberto el lustrabotas. Ahora es él quien saluda al caminante, ciclista y usuario apretujado del Transmilenio. La risa, los lentes y las mazorcas de Jaime, las manos y la cocina de Dioselina son los ojos y la boca arqueada de Heriberto. Eso me han dicho, yo no lo he visto. La última vez que caminé esa avenida de Bogotá fue en 2017 y todavía estaba Dioselina. La encontré sin saberla en la pared, pero la reconocí, y cuando una colombiana o colombiano la reconoce, susurra las dos primeras estrofas de ‘Canela’, aquella salsa cantada por Jaime en un programa de entrevistas. Entonces algo se siente muy lejano todavía.

viernes, 30 de octubre de 2020

Para nunca olvidar


Imagine una voz que surge de la oscuridad. Le dice, le ordena, caminar por la carretera y subir a una camioneta. La voz proviene de un lugar iluminado por una lámpara baja, y lo único visible es la boca de un fusil. Usted no sabe dónde está el miedo, no comprende por qué debe subir a la camioneta, junto a sus compañeros. Intenta descifrar alguna palabra, pronunciar un nombre, encontrar su hogar en la lejanía. Pero ha leído noticias poco alentadoras y se pregunta qué lo llevó a esa situación, si alguien lo buscará luego y pegará su fotografía en las paredes de la ciudad.

Imagine, trate de imaginar, a una madre y un padre en una estación policiaca, frente a un funcionario público. Preguntan por un hijo o una hija a las dos de la mañana. Les llegó el rumor, y luego la certidumbre, de disparos en la carretera, de jóvenes detenidos y trasladados en una camioneta sin número de placa. El funcionario no los mira mientras se estira en su silla, y les dice que en ocho horas llega el delegado, lo pueden esperar, si quieren.

Imagine, dos o tres años después: una madre y un padre marchan por las calles de la ciudad, junto a otras madres y otros padres. Sus camisetas tienen estampados los rostros de los jóvenes que salieron una noche y no regresaron a casa. Alzan y sostienen carteles con nombres y edades y frases de espera y nunca olvido. Cuántas fotografías habrán pegado en las paredes, cuántas estaciones policiacas habrán visitado, solo para observar cómo alguien detrás de un vidrio y con una placa levanta los hombros y dice: “Algo habrá hecho”.

















lunes, 13 de julio de 2020

Habitantes de la niebla



Habitantes de la niebla Atotonilco es una localidad del municipio de Calcahualco. Está a 2200 metros sobre el nivel del mar, en la región montañosa de Veracruz. Sus casas se levantaron a un lado del río Jamapa, y sus caminos inclinados conducen a un bosque de pinos. En las mañanas recibe las corrientes de aire frío provenientes del volcán Citlaltépetl, también conocido como Pico de Orizaba.

En diciembre de 2010 visité Atotonilco. Acompañé una comitiva de la asociación ‘Vecinos y amigos del medio ambiente y patrimonio cultural’ cuyo trabajo en sustentabilidad se enfoca en las cuencas del Metlac y Jamapa. Mi interés en el viaje era periodístico. Trabajaba como reportero en El Mundo de Córdoba y me habían encargado realizar una crónica acerca del proyecto ecológico iniciado entre las personas de la localidad, los llamados habitantes de la niebla.

La venta de carbón, madera de pino y el turismo son los sustentos económicos en Atotonilco. Un campesino, Luis Jerónimo Bayona, me habló de la reforestación continua de pinos impulsada por ciertos investigadores en 1995, porque el cauce del Jamapa había disminuido. Un subagente municipal, Marcos Contreras, me habló de la “convicción de mantener limpios los lugares ambientales”, y aseguró que al recorrer los caminos encontraría cestos de basura en los costados.

Los habitantes de la niebla construyeron cabañas hoteleras, abrieron un balneario de aguas termales y trazaron senderos ecológicos. Ese diciembre, junto a la comitiva de ‘Vecinos y amigos’, se reunieron en un puente de madera que cruza el Jamapa y cantaron villancicos y agradecieron la existencia del río. También se reunieron en un campo abierto y charlaron sobre el cuidado comunitario de la naturaleza. Hubo muchos aplausos y vivas. Pero antes de culminar las participaciones, una anciana tomó el micrófono y dijo sentirse triste por el poco respeto hacia la madre tierra, hacia el agua, hacia las montañas. Sus últimas palabras fueron el silencio que todos habíamos omitido: “el mundo se está muriendo”.








martes, 9 de junio de 2020

El acordeón y Celso Piña



Celso Piña interpretó en Tijuana la ‘Cumbia sampuesana’. El sábado ocho de octubre de 2016, el hombre del Cerro de la Campana de Monterrey lanzó el tema final de su repertorio. Aquella música repetía el intento de José Joaquín Bettín Martínez por imitar con su acordeón el titilar de las luciérnagas que observó una noche de 1952, en un pueblo colombiano llamado Sampués.

Ese día de octubre de 2016, casi 42 mil personas bailaron hasta los silencios del mayor de los hermanos Piña. En la explanada del Centro Cultural Tijuana, su agrupación Ronda Bogotá abrió con la guacharaca ‘La cumbia sobre el río’ y ‘La cumbia campanera’. Aunque la guacharaca también dio entrada a los violines de la Orquesta de Baja California, y las melodías y ritmos saltaron de los instrumentos como si las cosas necesarias para vivir solo se nombraran por medio de la cumbia.

Celso Piña es el rebelde del acordeón. Su música tiene origen en las canciones de los Corraleros de Majagual de la década de los setenta. Celso Piña escuchó los sonidos del Caribe colombiano a través de Alfredo Gutiérrez (el monstruo del acordeón), Aníbal Velázquez (el bárbaro del acordeón) y Andrés Landero (el rey del acordeón). Su primer disco lo grabó en 1982 bajo el sello Peerless, y el más sonado en los centros cumbieros de México lo lanzó en 2001, es el ‘Barrio bravo’. En el festival Entijuanarte, ese día de octubre de 2016, cantó hasta las mañanitas. Dijo que Gabriel García Márquez alguna vez le pidió interpretar ‘Macondo’, del peruano Daniel Camino Diez, en todo lugar al que llegara, “donde quieras que te pares.” Y Celso Piña iba a pararse de nuevo en Tijuana en septiembre de este año. Traería su acordeón y la Ronda Bogotá para que los cumbieros cantaran y bailaran la canción de los Buendía. Pero el joven regiomontano de 66 años nos dejó hace tres meses, cuando aún planeaba viajar a cada rincón del mundo para llevar su arte poética, la ‘Cumbia poder’.

martes, 29 de octubre de 2019

Diario en Panorámica: Calle del embudo (2016)




En la Calle del embudo del barrio La candelaria de Bogotá, una bandada de aves cruza el cielo. Es el vuelo de tucanes, papagayos y flamencos dibujado en la pared de una casa, una migración cuyo destino puede ser la plazuela del Chorro de Quevedo.
¿Por qué el Chorro de Quevedo? En las escalinatas de la explanada se toma chicha bajo el árbol que supera la altura de las casas y es un gran tejado verde. En la tienda casi esquinera una señora solo recibe vecinos o vecinas, así vivan a 5 metros o 3000 kilómetros. “Veci, una Póker”, “Veci, dos mil de salchichón”, “Veci, ¿usted no es de por acá?”
Como es Chorro, los veci comen el salchichón y beben la Póker recostados en la pila de agua de la plazuela. Algún cronista insistirá en el siglo XVI y la fundación de Bogotá. La arquitectura de los cafés y restaurantes alrededor sería la evidencia para detener el pasado. Pero la capilla fotografiada por los turistas tras haber encontrado un mito fundacional en América del sur, fue construida en 1969.
No faltan los teatreros y cuenteros, nadie niega el porro que pasa de mano en mano, alguien compra cigarros en uno de tantos carritos de dulces. Sobre el marco de ventanales y umbrales que son la entrada al Chorro de Quevedo, la figura del malabarista intenta terminar su recorrido en un monociclo. En los costados quedan las calles, la opción de volver a la ciudad de agentes de tránsito y policías bachilleres. En una, llamada Calle del embudo, las aves surcan la pared. Si las observa en su camino de no saber a dónde ir, sabrá que está cerca.

lunes, 8 de julio de 2019

Peregrinación guadalupana




La capilla se construyó en la cima del cerro. La fachada es amarilla y hay cultivos de café y campos de pastoreo a su alrededor. Sus puertas se abren cada 12 de diciembre, en el día de la guadalupana.
El cerro está junto a la carretera que conecta a Huatusco con otros municipios de la región montañosa de Veracruz. Un sendero lo atraviesa y es recorrido por personas en cuyas casas puede haber una representación de la “protectora de México”, ya sea un cuadro colgado en la sala principal, ya sea una figura sobre la mesa de noche.
En 2010, los creyentes de la Virgen de Guadalupe celebraron 479 años de su aparición, y con la peregrinación principia la jornada. El objetivo: llegar al templo donde pueden agradecerle mientras observan una imagen suya en un lienzo, como fondo de un altar. Quienes no viajan en caravana al cerro de Tepeyac en la Basílica de Guadalupe de Ciudad de México, donde se registra la primera aparición mariana, buscan otras alternativas de festejo. Para los huatusqueños implica caminar por lo menos hora y media hasta llegar a la capilla de fachada amarilla.
Desde el día anterior iniciaron las peregrinaciones en el municipio, y varias personas durmieron en la cima del cerro. Fueron los primeros en recibir las bendiciones por parte del sacerdote que ofrece misas en una explanada. El hombre de sotana lanza agua sobre quienes fruncen el ceño a causa de la luz del sol y levantan pequeñas, medianas y grandísimas figuras de la virgen que es morena.
Hay creyentes descalzos, otros cumplen la travesía arrodillados. Algunos niños y niñas visten sombreros y ropa blanca y realizan el recorrido en los hombros de sus padres. Las familias descansan en los campos de pastoreo. Pasan la cerca, buscan un árbol, sacan de sus morrales recipientes llenos de arroz, guisados, tortillas.
Pero en una calle de Huatusco, al mediodía del 12 de diciembre, un hombre que no subió el cerro es apuñalado dos veces, luego le disparan, una bala atraviesa su pecho.

martes, 16 de abril de 2019

Aprendiz totonaca


Los mercados de Papantla huelen a vainilla, y entre sus corredores hay niños que dicen “Quiero ser volador”. Yo escuché la frase cuando me encontré a uno de esos aprendices papantecos y conversamos en marzo de 2011. Estoy seguro, no hablaba de aviones o cursos de parapente.
Viajé a este pueblo del norte veracruzano para conocer la Cumbre Tajín, el festival anual y mediático de todo aquello denominado totonaca. Quería acampar cerca del parque Takilhsukut y la zona arqueológica totonaca, saber sobre personas totonacas, detallar pirámides totonacas, probar comida totonaca, bailar totonaca y vestir totonaca.
En la plaza principal de Papantla observé un mural esculpido sobre una pared de 84 metros de largo por cuatro metros de ancho. Su autor es el escultor Teodoro Cano, y su principal figura, Quetzalcoatl. Desde 1979, la serpiente emplumada cruza de esquina a esquina ese camino de piedra donde hay una pirámide, un dios del trueno, otro de la agricultura, una carita sonriente, un sacrificio del juego de pelota, danzantes y voladores.
Los totonacos habitaron la llamada Mesoamérica, según los cortes históricos del mundo occidental. Su principal asentamiento urbano fue Tajín, un lugar que ahora está a 20 minutos en auto desde Papantla y es anhelos de arqueólogo y época vacacional. Allí los aprendices papantecos aparecen en los videos y selfies de hombres y mujeres que quieren tocarlos y los aplauden. Les hablan, incluso, con signos de admiración desde que en 2009 la ceremonia ritual de los voladores de Papantla es Patrimonio Inmaterial de la Humanidad tras veredicto de la Unesco. Eso dice la placa grabada en el mural del cual Quetzalcoatl quiere salir, en Papantla, y los voladores son llamados para que realicen más vuelos, se tomen muchas más fotografías y reciban más aplausos y estrechones de manos que duran un día, un discurso, una nota periodística.

lunes, 25 de febrero de 2019

Diario en panorámica: Metro. Línea Azul (2015)


La pareja entra en el vagón. Observa las sillas de metal a los costados mientras las puertas se cierran y el tren parte de la estación San Antonio Abad. El hombre viste un buzo cuello tortuga. Luce un bigote y un corte de cabello al estilo Charles Bronson. La mujer carga una de esas bolsas que parecen nunca tener límites físicos. Es domingo. Es una mañana de 2015. La pareja puede pensar en una función de lucha libre en la Arena México o en tacos de queso oaxaca y aguacate en algún puesto de algún mercado.
Quizá el destino sea el Zócalo: una caminata con elote en mano por la calle Moneda hasta llegar a la Plaza Loreto. Tal vez haya una invitación al Café Rex del Centro Histórico para comer pollo rostizado. Pero por el momento la pareja viaja en el metro de la Ciudad de México y conversa, sin mirar la hora en el celular, sin preocuparse por la falta de aire y la cercanía corporal de los usuarios. Aún está lejos el lunes, esa lógica semanal del traslado en transporte público.

viernes, 28 de diciembre de 2018

Dos discursos en la frontera



Paloma Zúñiga dice que Donald Trump es la respuesta a sus plegarias ante la “invasión del tercer mundo”. Lo dice en su sitio web Paloma for Trump, donde vende gorras, camisetas y vasos que traen oraciones como “Make America Great Again” o “Make Tijuana Great Again”.
El sábado 4 de marzo de 2017, Paloma viajó a Washington, y fue parte de la manifestación March4Trump. Su intervención se registró en un video colgado en el canal de Youtube de Marco Gutiérrez, cofundador del movimiento Latinos for Trump. Ese día, Paloma subió a una tarima. Como bufanda tenía puesta la bandera de Estados Unidos, y detrás suyo alguien ondeaba la de Israel.
- Necesitamos construir el muro. El presidente Trump tiene razón… Yo nací en México. A los diez años mi madre me trajo a este país legalmente. Esperamos nueve años para convertirnos en ciudadanos americanos. Esperamos los procesos legales… Sin esas fronteras, no tendremos un país. -
El domingo 18 de noviembre de este año, 300 personas se reunieron en la glorieta al Monumento a Cuauhtémoc de Tijuana. Pedían soberanía, enaltecían la patria, recriminaban la invasión, exigían la deportación. Eran la marcha contra la Caravana migrante de centroamericanos que arribó a la ciudad. Paloma estuvo presente, y fue rodeada por los reporteros al acecho de quien levantara los brazos o alzara la voz.
- No es que no quiera que estén aquí, nos preocupa que nuestras calles estén bien, y hay reglas. No sabemos quiénes son, no está bien que estén durmiendo en la calle. A mí me gustaría más que estén en sus casas, y que su gobierno se hiciera cargo de ellos, no el de México, ni el de Estados Unidos. -
Paloma negó ser racista, afirmó tener doble nacionalidad, preguntó sobre cuál era el problema al apoyar a Donald Trump, y dijo que era de Ciudad de México, pero vivía en Tijuana desde hace diez años.
- Nosotros, cuando llegamos a Tijuana nos convertidos en tijuanenses. A mí Tijuana me recibió con los brazos abiertos. -

jueves, 29 de noviembre de 2018

Caminar como migrante


Roberto espera la llegada de la otra manifestación. Lleva un megáfono para amplificar una canción que sale de su celular y no se escucha bien. Los policías municipales de Tijuana hablan por sus radios. Dicen que “un joven de los a favor” está en medio de la vía. Algo les preocupa, algo le comentan a Roberto, quien observa que poco a poco, desde la glorieta del Monumento a Cuauhtémoc, las personas reunidas se acercan por la Avenida Paseo de los Héroes. Vienen con banderas, sombreros de charro, mensajes escritos en mantas y cartulinas: “Puro Tijuana Cabrones”, “Inmigrantes sí, ilegales no”, “Respeto tus derechos humanos.  Respeta la soberanía de mi país”.
Roberto también lleva un mensaje.
“De dónde eres”, le pregunta un reportero, “De Nayarit. Vivo en Tijuana”, “¿Qué dice tu cartel?”, “No a la xenofobia, no a la aporofobia, sí a la fraternidad, sí a la solidaridad”.
Es domingo 18 de noviembre. Una cuadra que dura dos minutos recorrerla a pie separa a los más de 300 manifestantes a favor del control y deportación, y aquellos veinte con letreros de bienvenida. Los dos grupos se convocaron por Facebook. Surgieron luego de la reunión de algunos residentes de Playas de Tijuana en el faro, cuatro días antes, para defender la “patria”. Al lugar había llegado alrededor de 800 integrantes de la caravana migrante centroamericana, y fueron señalados como “invasores” por quienes cantaban el himno nacional mexicano. Les exigieron volver a sus países.
Pero la caravana, dice Roberto, son hondureños, salvadoreños y guatemaltecos que buscan trabajo, bienestar para sus familias, dejar la violencia de sus ciudades. Son casi 6 mil caminantes que entraron a México en octubre y permanencen en Tijuana. La mayoría duerme y come y espera en un centro deportivo de la zona norte adecuado como albergue, a una cuadra del muro fronterizo que anhelan ver desde “el otro lado”.

sábado, 10 de noviembre de 2018

Visitas del 2 de noviembre en la casa de la curandera



- Desde los siete años hago curaciones. -dice Virginia Peralta mientras soba la espalda de un hombre que de algo se queja. Sobre una mesa hay un recipiente con un líquido azul en el cual ella sumerge sus manos. También hay velas y un jarrón con la flor de cempoalxochitl.
Es un domingo 31 de octubre de 2010. Estamos en Huatusco, un municipio cafetero perteneciente a la región de Altas Montañas de Veracruz. En el cuarto de la casa donde hace la curación, Virginia construyó la ofrenda del día de muertos. A nuestro alrededor hay 20 imágenes de santos, y la mujer de 64 años los nombra como si estuviera coleccionando láminas de un álbum. Nombra al Señor del Rayo, al Niño ciego y al Niño de los pescados.
- Mis padres decían que anteriormente siempre vienen los difuntos, –dice antes de pasar una rama de chamizo por la nuca de su cliente -y por eso armamos una ofrenda grande, porque hasta yo los vi una vez visitarnos en el día de todos los santos.
Para llegar a la ofrenda el 2 de noviembre, los “difuntos” de Virginia y su esposo Juan Aguilar, de setenta años y exteniente judicial federal, deberán recorrer el camino hecho con pétalos de cempoalxochitl. Inicia en la entrada de la casa, cruza la sala, el pasillo que conduce a la cocina y las habitaciones, cruza el patio y termina en la puerta cerrada del último cuarto. Serán estas visitas quienes la abran y se queden a comer, beber y fumar.
- Es una tradición de más de cuatro generaciones –afirma la curandera luego de despedir al hombre que agradece “la chamba” y mientras prende el incienso.

En la ofrenda hay pan de muerto, tortillas, tamales de mole y piña, arroz, fríjol, chocolate, juguetes, naranjas, mezcal. Hay fotografías familiares, como la de Filiberto, el hijo de Virginia y Juan, asesinado en 1997. Junto a la imagen le han dejado un paquete de cigarrillos Marlboro y una cerveza Modelo Especial.

martes, 2 de octubre de 2018

Diario en Panorámica: Estación San Antonio Abad (2013)



La estación San Antonio Abad indica el inicio o final de la avenida Tlalpan. Es el paisaje hacia el sur de la Ciudad de México. El viaje subterráneo del Metro se cimbra en ese pequeño mundo, donde los vendedores ambulantes no apartan lugar, los policías tienen somnolencia y las escaleras eléctricas mantienen dañadas. En su único corredor, las personas esperan como se espera un bus en un pueblo al lado de la carretera. Esperan llegar a las estaciones contiguas, Pino Suárez y Chabacano, las del transbordo, las flechas, las filas, el Monumento arqueológico y la escenografía de ´El vengador del futuro´.

martes, 25 de septiembre de 2018

Luchas en Tijuana




Es el primer sábado de septiembre. Los integrantes de Pueblos sin fronteras llegan al estacionamiento de la Estancia Municipal de Infractores. Llevan pancartas y mantas. No son más de sesenta. Han caminado las calles de Tijuana desde el mediodía. Son las tres de la tarde. Gritan “no están solos” frente a los policías. Repiten “no están solos” en un intento por dar un abrazo a quienes cargan la etiqueta de deportado o migrante y están en una celda.
Son de El Salvador, Guatemala, México, Estados Unidos y Honduras. Su mensaje hace parte de la campaña ‘Marcha por la dignidad’. Quieren frenar el abuso de poder de la fuerza pública: las extorsiones en los alrededores del canal del Río Tijuana, los levantamientos cerca a los trabajos o colonias si la voz y la piel son una cosa ajena, un no-lugar en los mapas, un cuerpo carente de espacio en la ciudad.
“Basta ya, basta ya a la poli de robar”, exigen. Registran con sus teléfonos los testimonios de hombres y mujeres que doblaron en la esquina equivocada y resultaron detenidos. “Acá se está desmayando uno y no hacen nada”, grita un hombre al abrir las puertas traseras de una furgoneta policiaca. En su interior hay cuatro personas tras una reja. “Hablen. No se queden callados. Aquí están las cámaras”, les dicen, pero parece que junto a las billeteras y el dinero también les decomisaron las palabras.
Cuando los marchantes rodean la furgoneta, los policías se acercan y usan sus teléfonos: graban rostros, manos, conversaciones. Irineo Mujica, vocero de Pueblos sin fronteras, informa que el director de la Estancia dio la orden de liberación. Entonces esperan, ven caminar hacia ellos a quien quita el candado de la reja, esperan, y sueltan abrazos al recibir entre los suyos a las personas detenidas ese primer sábado de septiembre. “Sí se pudo”, grita Irineo, “Sí se pudo”, es la respuesta de sus compañeros, el cántico de retirada mientras recorren de nuevo las calles de Tijuana.  

sábado, 25 de agosto de 2018

Playas de Tijuana


La familia camina por el malecón de Playas de Tijuana. Son el padre, la madre, dos niñas y una joven, quizá de 20 años. Es un domingo de julio, es una tarde que pronto caerá, aunque el sol persiste en su cenit.
Las olas del Pacífico parecen brazadas de gigantes. Los surfistas observan como el mar se eleva. En los cafés hay gringos y tijuanenses que toman cerveza artesanal. En las marisquerías hay gringos y tijuanenses que toman Tecate roja. En la entrada de los restaurantes se agolpan los grupos de norteño y banda; traen la tuba, el acordeón, los platillos, la guitarra y muchos sombreros. Un hombre toca una jarana, canta el son El Siquisirí y también usa sombrero. Los músicos de Tijuana no olvidan el sombrero en casa. Arriban los orientales. Bajan de un bus. De sus cuellos cuelgan las cámaras Nikon y Canon. Observan el Faro y se toman fotografías cerca del obelisco, e intentan leer: “Límite de la República Mexicana. La destrucción o dislocación de este monumento es un delito punible por México o los Estados Unidos”. El muro fronterizo es el fondo de la imagen. Los orientales hacen el signo de la paz cuando los enfocan otros orientales con los lentes gran angulares. También la familia busca el muro, deja el malecón y camina sobre la arena. Cuando alcanzan el límite de la República Mexicana, una de las niñas saca un teléfono móvil y toma una foto del padre, la madre y las hermanas. Luego cambia de rol con la otra niña. Ahora ella aparece en el retrato junto a los suyos. 

domingo, 22 de julio de 2018

Goles en el transporte público



- Ya nos chingaron –dijo el joven mientras observaba en su teléfono como el defensor mexicano Edson Álvarez no pudo despejar un balón que pasó entre sus piernas, rebotó en el suelo y empujó con su mano izquierda al interior del arco custodiado por Memo Ochoa. Los suecos celebraban su tercer gol.
Fue el 27 de junio del Mundial de Rusia. Era el minuto 74. En el estadio de Ekaterimburgo nadie coreó el nombre de Hirving 'El Chucky' Lozano como si cada letra fuera una nota de Seven Nation Army de The White Stripes. “Ya nos chingaron”, dijo el joven antes de las 9 a.m., hora Pacífico, en Tijuana, y desconectó los audífonos del teléfono, subió el volumen y nos dejó escuchar, a quienes íbamos en el asiento trasero, las especulaciones de los comentaristas del México-Suecia sobre la caída de Alemania ante Corea del Sur, el otro último encuentro del Grupo F. Si los campeones de 2014 eran eliminados, y fueron eliminados, habría una nueva oportunidad para cantar los goles de la selección mexicana en el transporte público tijuanense.
Un día después, Colombia enfrentó a Senegal en la ciudad de Samara. A las 7 a.m. inició el partido, hora Pacífico, claro. El primer tiempo lo vi en casa. Un amigo me pasó un link por redes sociales de un sitio web que registraba otros links de otros links donde transmitían el Mundial. Pero el cabezazo a lo Yerry Mina, en el minuto 74, llegó cuando ya estaba dentro de una furgoneta que en Tijuana llaman taxi y en la cual caben ocho o diez personas, aunque el conductor insista en meter doce o quince. Uno de los pasajeros era el joven “Ya nos chingaron”. Así que al sentarme a su lado le pregunté por el partido. Él volvió a desconectar los audífonos y volvió a subirle el volumen al teléfono. Vimos como Mina se alzaba entre los defensores senegaleses y encontraba el balón en el aire. Cantamos el gol. No era momento de negar uno de los pocos sufrimientos voluntarios y compartidos en este continente, sobre todo antes de iniciar la jornada laboral.