La pareja entra
en el vagón. Observa las sillas de metal a los costados mientras las puertas se cierran y el tren parte de la
estación San Antonio Abad.
El
hombre viste un buzo
cuello tortuga. Luce un bigote y un corte de cabello al estilo Charles Bronson. La mujer carga una de esas bolsas que parecen
nunca tener límites físicos. Es
domingo. Es una mañana de 2015. La pareja puede pensar en una función de lucha libre en
la Arena México o en tacos de queso oaxaca y aguacate en algún puesto de
algún mercado.
Quizá el destino sea
el Zócalo: una caminata con elote en mano por la calle Moneda hasta llegar a la
Plaza Loreto. Tal vez haya una invitación al Café Rex del Centro Histórico para
comer pollo rostizado. Pero por el momento la pareja viaja en el metro de la
Ciudad de México y conversa, sin mirar la hora en el celular, sin preocuparse
por la falta de aire y la cercanía corporal de los usuarios. Aún está lejos el
lunes, esa lógica semanal del traslado en transporte público.
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lunes, 25 de febrero de 2019
viernes, 28 de diciembre de 2018
Dos discursos en la frontera
Paloma Zúñiga dice que
Donald Trump es la respuesta a sus plegarias ante la “invasión del tercer
mundo”. Lo dice en su sitio web Paloma
for Trump, donde vende gorras, camisetas y vasos que traen oraciones como “Make
America Great Again” o “Make Tijuana Great Again”.
El sábado 4 de marzo de
2017, Paloma viajó a Washington, y fue parte de la manifestación March4Trump. Su intervención se registró
en un video colgado en el canal de Youtube
de Marco Gutiérrez, cofundador del movimiento Latinos for Trump. Ese día, Paloma subió a una tarima. Como bufanda
tenía puesta la bandera de Estados Unidos, y detrás suyo alguien ondeaba la de
Israel.
- Necesitamos construir
el muro. El presidente Trump tiene razón… Yo nací en México. A los diez años mi
madre me trajo a este país legalmente. Esperamos nueve años para convertirnos
en ciudadanos americanos. Esperamos los procesos legales… Sin esas fronteras,
no tendremos un país. -
El domingo 18 de
noviembre de este año, 300 personas se reunieron en la glorieta al Monumento a
Cuauhtémoc de Tijuana. Pedían soberanía, enaltecían la patria, recriminaban la
invasión, exigían la deportación. Eran la marcha contra la Caravana migrante de
centroamericanos que arribó a la ciudad. Paloma estuvo presente, y fue rodeada
por los reporteros al acecho de quien levantara los brazos o alzara la voz.
- No es que no quiera que
estén aquí, nos preocupa que nuestras calles estén bien, y hay reglas. No
sabemos quiénes son, no está bien que estén durmiendo en la calle. A mí me
gustaría más que estén en sus casas, y que su gobierno se hiciera cargo de
ellos, no el de México, ni el de Estados Unidos. -
Paloma negó ser racista,
afirmó tener doble nacionalidad, preguntó sobre cuál era el problema al apoyar
a Donald Trump, y dijo que era de Ciudad de México, pero vivía en Tijuana desde
hace diez años.
- Nosotros, cuando
llegamos a Tijuana nos convertidos en tijuanenses. A mí Tijuana me recibió con
los brazos abiertos. -
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Ubicación:
Tijuana, B.C., México
jueves, 29 de noviembre de 2018
Caminar como migrante
Roberto espera la llegada de la otra manifestación.
Lleva un megáfono para amplificar una canción que sale de su celular y no se
escucha bien. Los policías municipales de Tijuana hablan por sus radios. Dicen
que “un joven de los a favor” está en medio de la vía. Algo les preocupa, algo
le comentan a Roberto, quien observa que poco a poco, desde la glorieta del
Monumento a Cuauhtémoc, las personas reunidas se acercan por la Avenida Paseo
de los Héroes. Vienen con banderas, sombreros de charro, mensajes escritos en
mantas y cartulinas: “Puro Tijuana Cabrones”, “Inmigrantes sí, ilegales no”,
“Respeto tus derechos humanos. Respeta
la soberanía de mi país”.
Roberto también lleva un mensaje.
“De dónde eres”, le pregunta un reportero, “De Nayarit.
Vivo en Tijuana”, “¿Qué dice tu cartel?”, “No a la xenofobia, no a la
aporofobia, sí a la fraternidad, sí a la solidaridad”.
Es domingo 18 de noviembre. Una cuadra que dura dos
minutos recorrerla a pie separa a los más de 300 manifestantes a favor del
control y deportación, y aquellos veinte con letreros de bienvenida. Los dos
grupos se convocaron por Facebook. Surgieron luego de la reunión de algunos
residentes de Playas de Tijuana en el faro, cuatro días antes, para defender la
“patria”. Al lugar había llegado alrededor de 800 integrantes de la caravana
migrante centroamericana, y fueron señalados como “invasores” por quienes
cantaban el himno nacional mexicano. Les exigieron volver a sus países.
Pero la caravana,
dice Roberto, son hondureños, salvadoreños y guatemaltecos que buscan trabajo,
bienestar para sus familias, dejar la violencia de sus ciudades. Son casi 6 mil
caminantes que entraron a México en octubre y permanencen en Tijuana. La mayoría duerme y
come y espera en un centro deportivo de la zona norte adecuado como albergue, a
una cuadra del muro fronterizo que anhelan ver desde “el otro lado”.
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Ubicación:
Tijuana, Baja California, México
sábado, 10 de noviembre de 2018
Visitas del 2 de noviembre en la casa de la curandera
- Desde los siete años hago curaciones. -dice
Virginia Peralta mientras soba la espalda de un hombre que de algo se queja.
Sobre una mesa hay un recipiente con un líquido azul en el cual ella sumerge
sus manos. También hay velas y un jarrón con la flor de cempoalxochitl.
Es un domingo 31 de octubre de 2010. Estamos en
Huatusco, un municipio cafetero perteneciente a la región de Altas Montañas de
Veracruz. En el cuarto de la casa donde hace la curación, Virginia construyó la
ofrenda del día de muertos. A nuestro alrededor hay 20 imágenes de santos, y la
mujer de 64 años los nombra como si estuviera coleccionando láminas de un
álbum. Nombra al Señor del Rayo, al Niño ciego y al Niño de los pescados.
- Mis padres decían que anteriormente siempre vienen
los difuntos, –dice antes de pasar una rama de chamizo por la nuca de su
cliente -y por eso armamos una ofrenda grande, porque hasta yo los vi una vez
visitarnos en el día de todos los santos.
Para llegar a la ofrenda el 2 de noviembre, los
“difuntos” de Virginia y su esposo Juan Aguilar, de setenta años y exteniente
judicial federal, deberán recorrer el camino hecho con pétalos de
cempoalxochitl. Inicia en la entrada de la casa, cruza la sala, el pasillo que
conduce a la cocina y las habitaciones, cruza el patio y termina en la puerta
cerrada del último cuarto. Serán estas visitas quienes la abran y se queden a
comer, beber y fumar.
- Es una tradición de más de cuatro generaciones
–afirma la curandera luego de despedir al hombre que agradece “la chamba” y
mientras prende el incienso.
En la ofrenda hay pan de muerto, tortillas, tamales
de mole y piña, arroz, fríjol, chocolate, juguetes, naranjas, mezcal. Hay
fotografías familiares, como la de Filiberto, el hijo de Virginia y Juan, asesinado en 1997. Junto a la imagen le han dejado un paquete de cigarrillos
Marlboro y una cerveza Modelo Especial.
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Ubicación:
Huatusco, Ver., México
martes, 2 de octubre de 2018
Diario en Panorámica: Estación San Antonio Abad (2013)
La estación San Antonio
Abad indica el inicio o final de la avenida Tlalpan. Es el paisaje hacia el sur
de la Ciudad de México. El viaje subterráneo del Metro se cimbra en ese pequeño
mundo, donde los vendedores ambulantes no apartan lugar, los policías tienen
somnolencia y las escaleras eléctricas mantienen dañadas. En su único corredor,
las personas esperan como se espera un bus en un pueblo al lado de la carretera.
Esperan llegar a las estaciones contiguas, Pino Suárez y Chabacano, las del
transbordo, las flechas, las filas, el Monumento arqueológico y la escenografía
de ´El vengador del futuro´.
martes, 25 de septiembre de 2018
Luchas en Tijuana
Es
el primer sábado de septiembre. Los integrantes de Pueblos sin fronteras llegan
al estacionamiento de la Estancia Municipal de Infractores. Llevan pancartas y
mantas. No son más de sesenta. Han caminado las calles de Tijuana desde el
mediodía. Son las tres de la tarde. Gritan “no están solos” frente a los
policías. Repiten “no están solos” en un intento por dar un abrazo a quienes
cargan la etiqueta de deportado o migrante y están en una celda.
Son
de El Salvador, Guatemala, México, Estados Unidos y Honduras. Su mensaje hace
parte de la campaña ‘Marcha por la dignidad’. Quieren frenar el abuso de poder de
la fuerza pública: las extorsiones en los alrededores del canal del Río
Tijuana, los levantamientos cerca a los trabajos o colonias si la voz y la piel
son una cosa ajena, un no-lugar en los mapas, un cuerpo carente de espacio en la
ciudad.
“Basta
ya, basta ya a la poli de robar”, exigen. Registran con sus teléfonos los
testimonios de hombres y mujeres que doblaron en la esquina equivocada y resultaron
detenidos. “Acá se está desmayando uno y no hacen nada”, grita un hombre al
abrir las puertas traseras de una furgoneta policiaca. En su interior hay
cuatro personas tras una reja. “Hablen. No se queden
callados. Aquí están las cámaras”, les dicen, pero parece que junto a las
billeteras y el dinero también les decomisaron las palabras.
Cuando
los marchantes rodean la furgoneta, los policías se acercan y usan sus
teléfonos: graban rostros, manos, conversaciones. Irineo Mujica, vocero de
Pueblos sin fronteras, informa que el director de la Estancia dio la orden de
liberación. Entonces esperan, ven caminar hacia ellos a quien quita el candado
de la reja, esperan, y sueltan abrazos al recibir entre los suyos a las
personas detenidas ese primer sábado de septiembre. “Sí se pudo”, grita Irineo,
“Sí se pudo”, es la respuesta de sus compañeros, el cántico de retirada
mientras recorren de nuevo las calles de Tijuana.
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Ubicación:
Tijuana, B.C., México
sábado, 25 de agosto de 2018
Playas de Tijuana
La
familia camina por el malecón de Playas de Tijuana. Son el padre, la madre, dos
niñas y una joven, quizá de 20 años. Es un domingo de julio, es una tarde que
pronto caerá, aunque el sol persiste en su cenit.
Las
olas del Pacífico parecen brazadas de gigantes. Los surfistas observan como el
mar se eleva. En los cafés hay gringos y tijuanenses que toman cerveza
artesanal. En las marisquerías hay gringos y tijuanenses que toman Tecate roja.
En la entrada de los restaurantes se agolpan los grupos de norteño y banda;
traen la tuba, el acordeón, los platillos, la guitarra y muchos sombreros. Un
hombre toca una jarana, canta el son El Siquisirí y también usa sombrero. Los
músicos de Tijuana no olvidan el sombrero en casa. Arriban los orientales.
Bajan de un bus. De sus cuellos cuelgan las cámaras Nikon y Canon. Observan el
Faro y se toman fotografías cerca del obelisco, e intentan leer: “Límite de la
República Mexicana. La destrucción o dislocación de este monumento es un delito
punible por México o los Estados Unidos”. El muro fronterizo es el fondo de la
imagen. Los orientales hacen el signo de la paz cuando los enfocan otros
orientales con los lentes gran angulares. También la familia busca el muro,
deja el malecón y camina sobre la arena. Cuando alcanzan el límite de la
República Mexicana, una de las niñas saca un teléfono móvil y toma una foto del
padre, la madre y las hermanas. Luego cambia de rol con la otra niña. Ahora
ella aparece en el retrato junto a los suyos.
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Postal.
Ubicación:
Tijuana, Baja California, México
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