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martes, 9 de junio de 2020

El acordeón y Celso Piña



Celso Piña interpretó en Tijuana la ‘Cumbia sampuesana’. El sábado ocho de octubre de 2016, el hombre del Cerro de la Campana de Monterrey lanzó el tema final de su repertorio. Aquella música repetía el intento de José Joaquín Bettín Martínez por imitar con su acordeón el titilar de las luciérnagas que observó una noche de 1952, en un pueblo colombiano llamado Sampués.

Ese día de octubre de 2016, casi 42 mil personas bailaron hasta los silencios del mayor de los hermanos Piña. En la explanada del Centro Cultural Tijuana, su agrupación Ronda Bogotá abrió con la guacharaca ‘La cumbia sobre el río’ y ‘La cumbia campanera’. Aunque la guacharaca también dio entrada a los violines de la Orquesta de Baja California, y las melodías y ritmos saltaron de los instrumentos como si las cosas necesarias para vivir solo se nombraran por medio de la cumbia.

Celso Piña es el rebelde del acordeón. Su música tiene origen en las canciones de los Corraleros de Majagual de la década de los setenta. Celso Piña escuchó los sonidos del Caribe colombiano a través de Alfredo Gutiérrez (el monstruo del acordeón), Aníbal Velázquez (el bárbaro del acordeón) y Andrés Landero (el rey del acordeón). Su primer disco lo grabó en 1982 bajo el sello Peerless, y el más sonado en los centros cumbieros de México lo lanzó en 2001, es el ‘Barrio bravo’. En el festival Entijuanarte, ese día de octubre de 2016, cantó hasta las mañanitas. Dijo que Gabriel García Márquez alguna vez le pidió interpretar ‘Macondo’, del peruano Daniel Camino Diez, en todo lugar al que llegara, “donde quieras que te pares.” Y Celso Piña iba a pararse de nuevo en Tijuana en septiembre de este año. Traería su acordeón y la Ronda Bogotá para que los cumbieros cantaran y bailaran la canción de los Buendía. Pero el joven regiomontano de 66 años nos dejó hace tres meses, cuando aún planeaba viajar a cada rincón del mundo para llevar su arte poética, la ‘Cumbia poder’.

martes, 29 de octubre de 2019

Diario en Panorámica: Calle del embudo (2016)




En la Calle del embudo del barrio La candelaria de Bogotá, una bandada de aves cruza el cielo. Es el vuelo de tucanes, papagayos y flamencos dibujado en la pared de una casa, una migración cuyo destino puede ser la plazuela del Chorro de Quevedo.
¿Por qué el Chorro de Quevedo? En las escalinatas de la explanada se toma chicha bajo el árbol que supera la altura de las casas y es un gran tejado verde. En la tienda casi esquinera una señora solo recibe vecinos o vecinas, así vivan a 5 metros o 3000 kilómetros. “Veci, una Póker”, “Veci, dos mil de salchichón”, “Veci, ¿usted no es de por acá?”
Como es Chorro, los veci comen el salchichón y beben la Póker recostados en la pila de agua de la plazuela. Algún cronista insistirá en el siglo XVI y la fundación de Bogotá. La arquitectura de los cafés y restaurantes alrededor sería la evidencia para detener el pasado. Pero la capilla fotografiada por los turistas tras haber encontrado un mito fundacional en América del sur, fue construida en 1969.
No faltan los teatreros y cuenteros, nadie niega el porro que pasa de mano en mano, alguien compra cigarros en uno de tantos carritos de dulces. Sobre el marco de ventanales y umbrales que son la entrada al Chorro de Quevedo, la figura del malabarista intenta terminar su recorrido en un monociclo. En los costados quedan las calles, la opción de volver a la ciudad de agentes de tránsito y policías bachilleres. En una, llamada Calle del embudo, las aves surcan la pared. Si las observa en su camino de no saber a dónde ir, sabrá que está cerca.

lunes, 8 de julio de 2019

Peregrinación guadalupana




La capilla se construyó en la cima del cerro. La fachada es amarilla y hay cultivos de café y campos de pastoreo a su alrededor. Sus puertas se abren cada 12 de diciembre, en el día de la guadalupana.
El cerro está junto a la carretera que conecta a Huatusco con otros municipios de la región montañosa de Veracruz. Un sendero lo atraviesa y es recorrido por personas en cuyas casas puede haber una representación de la “protectora de México”, ya sea un cuadro colgado en la sala principal, ya sea una figura sobre la mesa de noche.
En 2010, los creyentes de la Virgen de Guadalupe celebraron 479 años de su aparición, y con la peregrinación principia la jornada. El objetivo: llegar al templo donde pueden agradecerle mientras observan una imagen suya en un lienzo, como fondo de un altar. Quienes no viajan en caravana al cerro de Tepeyac en la Basílica de Guadalupe de Ciudad de México, donde se registra la primera aparición mariana, buscan otras alternativas de festejo. Para los huatusqueños implica caminar por lo menos hora y media hasta llegar a la capilla de fachada amarilla.
Desde el día anterior iniciaron las peregrinaciones en el municipio, y varias personas durmieron en la cima del cerro. Fueron los primeros en recibir las bendiciones por parte del sacerdote que ofrece misas en una explanada. El hombre de sotana lanza agua sobre quienes fruncen el ceño a causa de la luz del sol y levantan pequeñas, medianas y grandísimas figuras de la virgen que es morena.
Hay creyentes descalzos, otros cumplen la travesía arrodillados. Algunos niños y niñas visten sombreros y ropa blanca y realizan el recorrido en los hombros de sus padres. Las familias descansan en los campos de pastoreo. Pasan la cerca, buscan un árbol, sacan de sus morrales recipientes llenos de arroz, guisados, tortillas.
Pero en una calle de Huatusco, al mediodía del 12 de diciembre, un hombre que no subió el cerro es apuñalado dos veces, luego le disparan, una bala atraviesa su pecho.

martes, 16 de abril de 2019

Aprendiz totonaca


Los mercados de Papantla huelen a vainilla, y entre sus corredores hay niños que dicen “Quiero ser volador”. Yo escuché la frase cuando me encontré a uno de esos aprendices papantecos y conversamos en marzo de 2011. Estoy seguro, no hablaba de aviones o cursos de parapente.
Viajé a este pueblo del norte veracruzano para conocer la Cumbre Tajín, el festival anual y mediático de todo aquello denominado totonaca. Quería acampar cerca del parque Takilhsukut y la zona arqueológica totonaca, saber sobre personas totonacas, detallar pirámides totonacas, probar comida totonaca, bailar totonaca y vestir totonaca.
En la plaza principal de Papantla observé un mural esculpido sobre una pared de 84 metros de largo por cuatro metros de ancho. Su autor es el escultor Teodoro Cano, y su principal figura, Quetzalcoatl. Desde 1979, la serpiente emplumada cruza de esquina a esquina ese camino de piedra donde hay una pirámide, un dios del trueno, otro de la agricultura, una carita sonriente, un sacrificio del juego de pelota, danzantes y voladores.
Los totonacos habitaron la llamada Mesoamérica, según los cortes históricos del mundo occidental. Su principal asentamiento urbano fue Tajín, un lugar que ahora está a 20 minutos en auto desde Papantla y es anhelos de arqueólogo y época vacacional. Allí los aprendices papantecos aparecen en los videos y selfies de hombres y mujeres que quieren tocarlos y los aplauden. Les hablan, incluso, con signos de admiración desde que en 2009 la ceremonia ritual de los voladores de Papantla es Patrimonio Inmaterial de la Humanidad tras veredicto de la Unesco. Eso dice la placa grabada en el mural del cual Quetzalcoatl quiere salir, en Papantla, y los voladores son llamados para que realicen más vuelos, se tomen muchas más fotografías y reciban más aplausos y estrechones de manos que duran un día, un discurso, una nota periodística.

lunes, 25 de febrero de 2019

Diario en panorámica: Metro. Línea Azul (2015)


La pareja entra en el vagón. Observa las sillas de metal a los costados mientras las puertas se cierran y el tren parte de la estación San Antonio Abad. El hombre viste un buzo cuello tortuga. Luce un bigote y un corte de cabello al estilo Charles Bronson. La mujer carga una de esas bolsas que parecen nunca tener límites físicos. Es domingo. Es una mañana de 2015. La pareja puede pensar en una función de lucha libre en la Arena México o en tacos de queso oaxaca y aguacate en algún puesto de algún mercado.
Quizá el destino sea el Zócalo: una caminata con elote en mano por la calle Moneda hasta llegar a la Plaza Loreto. Tal vez haya una invitación al Café Rex del Centro Histórico para comer pollo rostizado. Pero por el momento la pareja viaja en el metro de la Ciudad de México y conversa, sin mirar la hora en el celular, sin preocuparse por la falta de aire y la cercanía corporal de los usuarios. Aún está lejos el lunes, esa lógica semanal del traslado en transporte público.

viernes, 28 de diciembre de 2018

Dos discursos en la frontera



Paloma Zúñiga dice que Donald Trump es la respuesta a sus plegarias ante la “invasión del tercer mundo”. Lo dice en su sitio web Paloma for Trump, donde vende gorras, camisetas y vasos que traen oraciones como “Make America Great Again” o “Make Tijuana Great Again”.
El sábado 4 de marzo de 2017, Paloma viajó a Washington, y fue parte de la manifestación March4Trump. Su intervención se registró en un video colgado en el canal de Youtube de Marco Gutiérrez, cofundador del movimiento Latinos for Trump. Ese día, Paloma subió a una tarima. Como bufanda tenía puesta la bandera de Estados Unidos, y detrás suyo alguien ondeaba la de Israel.
- Necesitamos construir el muro. El presidente Trump tiene razón… Yo nací en México. A los diez años mi madre me trajo a este país legalmente. Esperamos nueve años para convertirnos en ciudadanos americanos. Esperamos los procesos legales… Sin esas fronteras, no tendremos un país. -
El domingo 18 de noviembre de este año, 300 personas se reunieron en la glorieta al Monumento a Cuauhtémoc de Tijuana. Pedían soberanía, enaltecían la patria, recriminaban la invasión, exigían la deportación. Eran la marcha contra la Caravana migrante de centroamericanos que arribó a la ciudad. Paloma estuvo presente, y fue rodeada por los reporteros al acecho de quien levantara los brazos o alzara la voz.
- No es que no quiera que estén aquí, nos preocupa que nuestras calles estén bien, y hay reglas. No sabemos quiénes son, no está bien que estén durmiendo en la calle. A mí me gustaría más que estén en sus casas, y que su gobierno se hiciera cargo de ellos, no el de México, ni el de Estados Unidos. -
Paloma negó ser racista, afirmó tener doble nacionalidad, preguntó sobre cuál era el problema al apoyar a Donald Trump, y dijo que era de Ciudad de México, pero vivía en Tijuana desde hace diez años.
- Nosotros, cuando llegamos a Tijuana nos convertidos en tijuanenses. A mí Tijuana me recibió con los brazos abiertos. -

jueves, 29 de noviembre de 2018

Caminar como migrante


Roberto espera la llegada de la otra manifestación. Lleva un megáfono para amplificar una canción que sale de su celular y no se escucha bien. Los policías municipales de Tijuana hablan por sus radios. Dicen que “un joven de los a favor” está en medio de la vía. Algo les preocupa, algo le comentan a Roberto, quien observa que poco a poco, desde la glorieta del Monumento a Cuauhtémoc, las personas reunidas se acercan por la Avenida Paseo de los Héroes. Vienen con banderas, sombreros de charro, mensajes escritos en mantas y cartulinas: “Puro Tijuana Cabrones”, “Inmigrantes sí, ilegales no”, “Respeto tus derechos humanos.  Respeta la soberanía de mi país”.
Roberto también lleva un mensaje.
“De dónde eres”, le pregunta un reportero, “De Nayarit. Vivo en Tijuana”, “¿Qué dice tu cartel?”, “No a la xenofobia, no a la aporofobia, sí a la fraternidad, sí a la solidaridad”.
Es domingo 18 de noviembre. Una cuadra que dura dos minutos recorrerla a pie separa a los más de 300 manifestantes a favor del control y deportación, y aquellos veinte con letreros de bienvenida. Los dos grupos se convocaron por Facebook. Surgieron luego de la reunión de algunos residentes de Playas de Tijuana en el faro, cuatro días antes, para defender la “patria”. Al lugar había llegado alrededor de 800 integrantes de la caravana migrante centroamericana, y fueron señalados como “invasores” por quienes cantaban el himno nacional mexicano. Les exigieron volver a sus países.
Pero la caravana, dice Roberto, son hondureños, salvadoreños y guatemaltecos que buscan trabajo, bienestar para sus familias, dejar la violencia de sus ciudades. Son casi 6 mil caminantes que entraron a México en octubre y permanencen en Tijuana. La mayoría duerme y come y espera en un centro deportivo de la zona norte adecuado como albergue, a una cuadra del muro fronterizo que anhelan ver desde “el otro lado”.