Un hombre llega a su
casa. Abre la puerta. Cuelga el maletín y el saco en el perchero. Se acomoda en
su sillón favorito. Pasado un rato siente un dolor en la espalda y se pregunta
por qué no lo han recibido sus hijos. Algo no anda bien, pero allí están los
cuadros, la televisión de bulbos, la cocina a un lado del baño, la pared marrón
a medio pintar, allí están como en la mañana antes de partir hacia el trabajo.
Aunque el dolor y sus hijos sin saludar persisten. El hombre decide levantarse
del sillón, recoge el maletín y el saco, abre la puerta, sale. Está seguro de
haber doblado en la esquina equivocada.
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miércoles, 6 de abril de 2011
viernes, 1 de abril de 2011
Entrevista para perfil
Desconozco su ubicación, pero
frecuentaba esta plaza cada mañana. Antes de desaparecer, me dijo que era en la Biblioteca
Municipal donde dormía, donde la emprendía contra unos simbolistas y largaba a
un tal Verlaine y a un tal Rimbaud a la mierda.
Yo no recuerdo bien sus
poemas, eso no me gusta mucho, aunque leí unos cuantos, muy discriminados por la crítica. Ahora me vienen dos a la mente. Uno, escrito en un papel higiénico
porque no tenía donde más,
dice “Agua”. El otro lo redactó
en una hoja que le pasé:
“Luz”. Escribía acá en el parque y regalaba su obra sin cobrar, pero la
gente botaba el poema al doblar la
esquina. Cierta noche el
Gremio Oficial de Poetas visitó la
Biblioteca Municipal,
cosa insólita, por cierto. Querían hablarle, insultarlo,
amenazarlo,
quemar
su trabajo
en frente suyo. La siguiente mañana lo vi, fue la última vez. Buscaba desaparecer, dijo, por completo, recalcó. No volvería a tomar la pluma, nada de música, nada del absurdo
llamado
vida.
Hasta ahí tengo
conocimiento. Desconozco
su ubicación, aunque
el Gremio Oficial de Poetas le dio un lugarcito en la muestra de escritores
regionales exhibida en la Casa de la Cultura.
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Cuento.
Ubicación:
Cali, Valle del Cauca, Colombia
jueves, 24 de marzo de 2011
Jornada de trabajo
En la ciudad construyeron un edificio de La
Corporación. En el edificio hay cubículos para los funcionarios y oficinas para
la junta directiva y el presidente. Estos últimos mantienen en congresos y
eventos de los que retornan a sus labores por pocos minutos. Nada más se sabe
de ellos.
Cada funcionario tiene un escritorio, un computador y
120 papeles en su cubículo. En cada papel hay 1.200 caracteres que debe evaluar
y registrar. El procedimiento lo realiza en ocho horas al día, pero tiene
derecho a un descanso de treinta minutos que aprovecha con la intención de
adelantar tareas. Al terminar la jornada toma la ruta de bus destinada a su
zona de residencia, según directrices de La Corporación. Llegando a casa la
persona sonríe, ya no es funcionario, y el tiempo puede irse en alguna
distracción. Entonces prende el computador, saca 120 papeles con 1200
caracteres cada uno y evalúa y registra hasta el otro día cuando, aburrido,
vuelve al trabajo.
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Cuento.
Ubicación:
Cali, Valle del Cauca, Colombia
viernes, 11 de marzo de 2011
Un día soleado
Un intermedio en los cuentos cortos. Motivo, el cumpleaños de mi hermana. Espero no sea largo. Aquí va:
Para mi hermana
En
un calendario de pared, sobre el cuadro del 11 de marzo, anota: CUMPLEAÑOS
MARA. Es un recordatorio escrito con letra minuciosa, como para no olvidar que
Mara cumple años el 11 de marzo.
Un
día antes de la fecha sale en busca del regalo. Reconoce su poco atino cuando
se trata de encontrar obsequios para festividades. Sin embargo se atreve, y
entra en un almacén de libretas artesanales de “pieza exclusivas”, según le
dice una vendedora mientras observa el mostrador de diseños. Adquiere un
ejemplar con ilustraciones de muñecos de plastilina portando máscaras de
guerreros jaguar. En la primera página escribe la nota dedicatoria, resalta la
fecha, 11 de marzo. Guarda el presente en una bolsita violeta. Según lo dicho
en algún congreso de publicidad, al cual no supo cómo paró, ese es un color
nada trivial.
El
día de la celebración llama a Mara por teléfono. Una mujer contesta y le señala
un error en la marcación: “acá no vive nadie con ese nombre”. Supone que copió
mal el número. Resuelve caerle de sorpresa a la homenajeada, ver cómo crea el
ambiente de fiesta en la casa mientras él inaugura la ronda de cervezas.
En
el bus ruta 38 (la 11 no pasó) revisa el empaque de la libreta. Espera no tener
una saliente de cinta adhesiva que lo ponga en dificultades por su torpeza al
decorar regalos. Son ciertas fallas en manualidades escolares cuando niño la
razón para ser descrito como “poco práctico”. Pero nada, piensa en Andrea Echeverri,
en su voz sobre las no apariencias, y confía. Su desempeño con la envoltura
violeta no debilitará el éxito del presente; ese “¡Ay! Gracias, como lo supo”
buscado al final del juego del entregar ansioso y el recibimiento espontáneo.
Baja
del autobús al reconocer a lo lejos la casa de Mara. Se acerca, toca la puerta.
Una mujer abre. Al verla supone varios hijos y un esposo. “Qué quiere”, le dice
“¿Está Mara?”, pregunta (esconde el regalo al llevar las manos a su espalda.) “Acá
no vive nadie con ese nombre”, le responde la mujer y cierra la puerta.
Se
siente perdido. Busca una cabina telefónica y marca. Le repiten: “acá no vive
nadie con ese nombre”. Vuelve a tocar en la casa invadida. La mujer suspira al
verlo. “¿Dónde está Mara?”, “Aquí no vive”, “¿Creen que soy bobo? Dígale que la
pare pues”, “No hay ninguna Mara”, “Cómo no. Aquí vive y hoy es 11 de marzo,
hoy cumple años Mara”, “¡Ay! Dios mío. Hoy es 12 y no hay cumpleaños. Deje la
joda y no llame más. Ya me di cuenta, usted también ha estado en esas.”
Se
siente muy perdido. En la cabina marca otro número. Sara contesta. “Es muy
temprano, qué pasó”, “Hoy cumple años Mara”, “¿Quién es, una novia?”, “Cómo así
mamá. Esas preguntas suyas. Usted sabe quién es, ¿Mara se pasó de casa?”, “Ve,
mirá a éste, respeto pues, a mí no me levante la voz, y no, no sé quién es la
tal Mara”, “Perdón, estoy cansado de la bromita. Pásemela por favor”, “A quién”,
“¡A Mara, carajo!”, “Que no sé quién es Mara”, “Cómo no mamá. Usted está peor
que la señora”, “Cuál señora. Mijo ¿usted está bien? Mejor vaya a descansar…”.
Le cuelga a Sara. Toma el bus retorno ruta 38, reniega por la falta de
circulación de la ruta 11. Se sienta en los últimos lugares. Le incomoda la
narración del partido de fútbol sintonizado en la radio. Le incomoda que el
comentarista nombre a cada uno de los diez jugadores titulares por equipo, le
incomoda escucharlo decir: “doce de marzo, un día soleado. Hoy es el clásico
para definir al líder del torneo”.
Llega
a su apartamento y llama de nuevo a Mara. Deja que la mujer le dedique unas
palabrotas. Cuelga. Imagina un secuestro y lavado de cerebro. Busca el teléfono
de la policía en el directorio. Antes de marcar detalla el calendario, le gusta
estar seguro de sus palabras. El once, la casilla del once de Marzo donde
decía, con letra minuciosa, CUMPLEAÑOS MARA, desapareció. Venía la 10 y después
la 12, sin la 11 intermedia. Quizá se cayó y está pegada a una pata del
comedor; pero al no encontrarla descuelga el calendario y revisa cada hoja y
reconoce lo inevitable: ningún mes tiene el 11. “Ayer vi la de marzo”, piensa
al intentar poner su orden en otro orden. “Una fecha no deja de existir, no se
encuentra bajo una mesa. Y si pasa ¿cómo es posible tanto engaño histórico del
colegio y la universidad?”. Prende el computador, quiere tranquilizarse. Indaga
efemérides en Wikipedia:
Si
no hay once, no hay Mara. No hubo atentado en Madrid ni pudo escuchar a
Piazzolla. The Daily Courant no pasó de ser una idea en borradores y Bachelet
no fue la primera mujer en llegar al poder en Chile. Las Farc no liberó a Clara
Rojas y Consuelo Gonzales y nadie cantó los vallenatos de Emiliano Zuleta.
Descartes pudo morir en otro lugar. Chávez no tuvo un golpe de estado. Nadie
pintó lo que Dalí pintó. Las torres gemelas saldrían en más películas gringas
pero en ningún lado sonó la salsa de Oscar de León. Los mexicanos no podrían
aplaudir las chilenas de Hugo Sánchez, Chad seguiría siendo tierra inglesa y
algunos aún pensarían en un posible Coming Out Day. Crimen y Castigo no se sumó
a los clásicos de la literatura universal y a los exámenes de colegio. No hubo
Aura, no hubo Unicef, no hubo Gardel, ni Osho, ni mundial de fútbol en
Sudáfrica.
Nada
más qué hacer aparte de buscar el regalo, destaparlo, leer la dedicatoria con
doce de marzo y dejar el calendario en su lugar. En la noche ve el noticiero,
no llama a la policía, duerme sin problemas. Al siguiente día, mientras se
organiza para ir al trabajo, un impulso de pedir cita con un tío psiquiatra lo
pone en duda. Mira entonces el calendario, con ganas de no llevar cuentas de
nada ni festejar ocasiones relevantes. Ahí está la casilla del 11 de marzo, su
letra minuciosa. Está antes del 12, fecha de ese día desde el cual él mira un
calendario con recriminación por un aniversario perdido, el “CUMPLEAÑOS MARA”.
No imagina cuál excusa inventar al haber olvidado tan importante evento en la
familia.
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Cuento.
Ubicación:
Pereira, Pereira, Risaralda, Colombia
miércoles, 2 de marzo de 2011
La casa blanca
Yo soy el único
espectador de esta calle; si dejara de verla se moriría
Jorge Luis Borges
Caminata, Fervor
de Buenos Aires
Para llegar a la casa blanca se cruza el puente de
metal saliente de la Plaza Victoria. Usted la puede observar sobre una esquina
carente de lógica urbana en Pereira. Según los niños, en su interior hay
destinos subterráneos y puertas secretas. Los adultos dicen “Una bonita
arquitectura. Acá arreglaban sombrillas”, y olvidan sus días infantiles. Lo
cierto es que la ruta trazada en la ciudad por los constructores no ha podido
tocarla, y la casa parece la persistencia de otro tiempo. Aunque las manchas
que invaden las rejas y cubren las paredes, malogrando el jardincito y las
escalinatas, hacen pensar en un posible final y ahí viene el progreso en línea
recta con un edificio inteligente o la inauguración por parte del alcalde de
una nueva estación del Sistema de Transporte Masivo.
Etiquetas:
Cuento.
Ubicación:
Pereira, Pereira, Risaralda, Colombia
martes, 1 de marzo de 2011
Leyenda Urbana
Según cuentan los
hombres nocturnos en busca de un amor casual, y las divinidades esquineras en espera de
unos
billetes
para revivir la
juventud de los mortales, en las calles de la zona sur deambula un ser imposible de definir por género. Aquel,
resumidas las versiones, es
tan hermoso que causa terror
Trabajadoras del lugar lo aseguran: no hay manera de amarle a falta de
imperfecciones en su físico. Reiteran, además, no saber “a ciencia cierta” si
es hombre o mujer. Esa cualidad lo hace más bello, admiten ebrios y niñas
principiantes del sector, y
agregan haberlo visto recorrer un parque no muy lejano y rayar con una tiza las paredes de las
casas de un barrio. Dibuja,
dicen los testigos, tras una mueca nada disimulada, “ecuaciones del Baldor”.
Expertos en ciencias
duras,
luego de realizar un
estudio de las ecuaciones escritas en aquellas paredes, decidieron dar por incoherentes y
falaces las argumentaciones y estructuras propuestas. No duró mucho el debate
sobre la posibilidad de estar ante las proezas de un genio reciente o ante la
burla de algún “atolondrado de la facultad de humanidades”, por lo cual hicieron
llegar a la Secretaría de Salud del Gobierno Municipal una petición donde
pedían la pronta captura de un “enfermo mental peligroso sin ningún aval
académico de genio excéntrico”.
Días antes de que el
Instituto de Sanidad Mental diera lo encontrara e internara en la Clínica
Psiquiátrica, donde permanece aislado y en minucioso tratamiento, intenté
hablarle en una noche de tantas al visitar la zona sureña. Dejaba inscrita una de sus
habituales fórmulas en un andén,
cerca de un grupo de Chulos y Malandrines desembocados en la ternura y los lloriqueos al
observarlo.
Sus rasgos son
fascinantes. En realidad no es posible definirlo entre hombre o mujer. Esa
noche vestía una camisa y un pantalón sin forma. Andaba descalzo y daba la
sensación de olvidar el baño
matutino, aunque olía a sahmpú Denorex.
En sus ecuaciones dibujó un ocho acostado. “Esta es mi última tiza”, me dijo con
una voz de niño perdido
cuando la barrita blanca se le quebró por tanta presión contra el cemento.
El símbolo hecho, luego de investigaciones rigurosas, define la palabra
infinito. Pronto la Clínica Psiquiátrica le realizará un examen físico y mental
completo. Hasta ahora, el único
descubrimiento en el paciente son dos protuberancias cicatrizadas en su
espalda, de las cuales, según deducciones científicas, colgaba algo que al
parecer alguien arrancó.
lunes, 21 de febrero de 2011
Cómo citar una fuente
Un historiador interesado en el origen de las primeras familias que
probaron medicamentos químicos sin prescripción, encontró en los papeles de
algún personaje ilustre de la ciudad un folio extenso, anónimo
y descuidado del siglo XVIII.
El escrito, legible a pesar de dos siglos en el olvido, fue examinado
con los mayores avances tecnológicos. Era necesario asegurar su validez y evitar el riesgo de catalogar la
investigación como “un simple ejercicio periodístico” dentro de la comunidad científica. Se reconoció,
en efecto, la concordancia entre la fecha y la calidad del papel, y que en
estos tiempos nadie escribe a mano y con tan minuciosa caligrafía.
El académico, según las versiones de sus familiares y
amigos publicadas en la prensa local luego de su desaparición, quizá descubrió
una arista oscura en la historiografía regional. Había dejado el trabajo basado en los
medicamentos sin prescripción del Centro Pereirano de Historia y dedicó su
rigor a descifrar la fuente encontrada.
Citamos a uno de los columnistas del diario de mayor tiraje:
"Realizó comparaciones, buscó etimologías, visitó lugares de la
ciudad poco probables, habitó lecturas de folletines, transcribió el documento, hizo cuadros explicativos con esa letra de
historiador económico o intelectual, hasta notas a pie de página le metió, consultó en sus
sueños, retranscribió el documento, retranscribió las notas, recibió
amonestaciones, olvidó sus responsabilidades
en el hogar y halló la respuesta a una pregunta vital en la ciudad."
La publicación de los resultados, se sostiene en una tesis
rechazada de la carrera en bibliotecología de la UTP, sería la causa
de un cambio en "las instituciones", en las filosofías, en las
religiones, en la arquitectura, en la historia: “Acaso nos había descifrado, y debió escribir un estudio con el fin de sacarlo de sí antes
de quemarlo. Pero cuando lo iba a dejar arder, cierta
sensación llamada ética
profesional lo frenó. Resolvió una salida franca con este mundo. Fue a una
litografía sin mucha clientela y pagó por empastar su investigación. Indicó que
sobre el lomo y la carátula, en letras doradas muy legibles, escribieran un
título, no sabemos cuál, y buscó, para el ahora libro, un lugar donde nunca estaría una persona. Lo
llevó a la Biblioteca Municipal."
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