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martes, 25 de octubre de 2011

Revelación de las sombrillas

Imagine los avatares recorridos de un paraguas. Imagine su cúpula protectora de un llanto de nubes afligidas, que en el momento de mayor sentimiento promueve una caída súbita de gotas al pensar en su estado gaseoso.
Un paraguas es una evasión elegante, diferente al cartón o la bolsa de plástico en la cabeza de señoras en una sala de estética. También es parasol, y el desempeño, cuando libera sus prendas en forma de globo, sorprende en días de poco trabajo y de caminata en los parques. Se despliega alegre ante un mediodía inquietante de domingo, pero nada memorable en la hora de almuerzo de la jornada laboral.
El paraguas o parasol  puede conocerse como sombrilla, nombre gracioso al estudiarlo sin semántica en rigor. Y la jaqueca no proviene de la lluvia o del sol; sino de la falta de sombra. Entonces su labor es de pino o sauce, levanta las ramas para regalar una oscuridad obsesionada por pegarse al cuerpo del beneficiario.

El mango, caballito de madera. Es divertido ver pasar a un señor con su sombrilla bajo el brazo, o a una señora intentando arreglarla a causa del viento persistente que en vez de cúpula abre un embudo. Cabría pensar en un paraviento. Sólo imagine la función. ¿Por qué no? Podrían existir.

lunes, 3 de octubre de 2011

Nota sobre las puertas

Las puertas proponen un problema filosófico: ellas son el paso de una dimensión a otra. Uno presiente la lejanía del inicio al emprender el cruce de la puerta que, cuando menos se piense, ya está atrás.
Así se reconoce haber pasado satisfactoriamente por un umbral, y dependiendo del interés se dirá “estoy afuera” o “estoy adentro”. Pero ¿cómo saberlo? Si una persona dice estar en una casa al abrir una puerta y pasa por ella ¿no estará fuera de la calle y no dentro de la casa? Y si debe volver a la calle y pasa de nuevo ¿no estará dentro de la calle y no fuera de la casa? Y al estar cerrada, ¿no habrá intenciones de olvidarse de la calle en la casa o de la casa en la calle?
Quien haya hecho la primera puerta, ¿habrá pensado en guardar la intimidad de una casa o de una calle? Lo cierto es que con el objetivo anterior los verbos Salir y Entrar nacieron, cuando el inventor anhelante de esconder quién sabe qué la cruzó y comprobó la carencia de errores en su creación. Aunque uno de esos verbos tiene inicio de terquedad y por ello no se desprende del otro, podría ser, porque o siempre se entra o siempre se sale.
De todos modos la labor del carpintero es justificada. Pero si alguien se detiene en el marco de la puerta supondrá que para eso no fue hecha y la anula de inmediato. Peor aún, si esa persona sigue obstinada en el marco tiene una parte suya (sea la frontal o la trasera) por fuera de la casa y la otra por fuera de la calle, o una adentro de la calle y otra adentro de la casa al mismo tiempo.

¡Caray! Allí hay un monstruo.

sábado, 24 de septiembre de 2011

Tejada y El Gato

Para un gato caleño.

Vive en la ribera. Usted lo encuentra por azar. Él no es un punto fijo en un mapa turístico de Cali. No premedite su hallazgo, no busque pistas entre felinos agazapados bajo los puentes o en alguna panadería, lo ignorarán, es seguro. Abandone la esperanza de flechas y nombres dibujados en un cartel esquinero. Sólo camine sin contar cuadras y suponer rutas de evacuación. Así lo puede hallar; y aunque usted le hable sobre el clima o los tejados de barro en el estilo arquitectónico actual (inicio de un saludo), nada de esas palabras le será tan generoso como lamer su pelaje carmesí y afinar sus bigotes en forma de espiral.
El Gato es un anfitrión popular entre los pájaros. Ellos descansan en su cola e intentan recordar la ruta de su vuelo migratorio; una facilidad de hospedaje y búsqueda de ráfagas de aire procurada sin firmas o monedas al vacío. En las noches visita el Parque del Perro, cuando deja de ser monumento y adquiere una mirada de ojeras y desengaño que en las mañanas le causa molestias. A él le gusta la llegada de las tardes, pues unos cuantos caleños tosen y suspiran y bostezan en las banquitas cercanas, esperan algún maullido personal hecho de palabras sobre la sucursal de cielo. Debe divertirle no cortar tal misterio y salir en fotografías, aunque evade las especulaciones ligadas a su soltería y a las gatas de la ciudad.

El Gato no llora. El río Cali parece no preocuparle. Le da la espalda a la indiferencia de sus concubinas y le es indignante la poca consideración: nadie lleva una radio para escuchar Compay gato.

miércoles, 14 de septiembre de 2011

Los ciegos

Cuando vio su cuerpo reflejado en un edificio de espejos, revelando sus rasgos y los de la ciudad a su espalda, se sacó los ojos. 

lunes, 5 de septiembre de 2011

El Devora Humanos

Que hay un animal salvaje suelto en la ciudad, no sé si creerlo, pero no sabemos, la gente puede decir la verdad Soy nueva acá, y desde mi llegada El Devora Humanos es el tema ritual. Las historias no son pocas y terminan con sangre y carne y huesos olvidados en la calle. Ayer no más hablaban de un man desmembrado a la salida de una discoteca de La Badea. Yo visitaba esos lares y no vi otro igual, como dicen los periódicos. A mí me pica la curiosidad y le hago muchas preguntas a quien está cerca. Me gusta conocer respuestas.

La otra vez escuché sobre una familia entera que al parecer fue despellejada. Me confundí. Pensé, ¡Coincidencia! Aunque luego de los resultados forenses no había razón para preocuparme. Hasta ahora El Devora Humanos es un felino grande, un puma o un jaguar según las investigaciones, dice la prensa. No lo han visto, y los especialistas reafirman su conclusión cuando responden las preguntas y muestran las huellas encontradas en la “escena del crimen”. Yo estaba nerviosa, en serio, tal vez me culparían al analizar mis patas. Menos mal El Devora Humanos no tiene rostro de mujer. Ya le conté la historia. Viene la adivinanza.

martes, 30 de agosto de 2011

Cuestiones de identidad

De repente, al terminar el curriculum para un casting de un nuevo seriado televisivo, reconoció haber interpretado tantos personajes en su oficio, tantos rostros y voces diferentes entre sí, que entre los papeles de su larga lista actoral confundió su nombre y no supo de quién era la foto frontal de la presentación.

miércoles, 24 de agosto de 2011

Ciudad fotográfica

En sus últimos años de vida, un fotógrafo reconocido buscó capturar con su cámara cada lugar o rincón de la ciudad a escala natural y sin olvidar el más mínimo de sus ángulos. Manchas en los edificios, ladrillos acanalados, adoquines de los andenes, huellas de personas, relojes en las azoteas, ropa en las ventanas de los apartamentos, condones usados en los puentes, ascensores, almohadas, cámaras réflex, chicles pegados bajo pupitres de colegios, cuartos de moteles, tapas de alcantarillado, rollos revelados y utilizados en empresas absurdas, piedras, hojas, crayolas, moho en las partes húmedas de un museo,  pelotas y cometas perdidas en patios traseros, libros en un agáchese y papeles en cestos metálicos, pasaron por el lente y fueron imágenes para duplicar. Cuando no faltaba espacio por tapizar, el artista urbano elaboró un cartel, también fotografiado y revestido. En él escribió una sinópsis sobre su poética. Algunas personas no han leído la conceptualización de la obra magna, nada han dicho acerca de los cambios en las calles. Pero quienes lo hicieron no ocultaron el asombro por las posibilidades del arte. Con orgullo disfrutaban la nueva ciudad.