Encuentro una fotografía en un bolsillo del pantalón.
La observo: estoy de espaldas y visto un abrigo. Es mediodía. Estoy frente a la
estatua del Caballito en Reforma. En mi mano derecha tengo un papel con una
imagen que he acercado a mis ojos. Intento descifrar su contenido, pero no
alcanzo a discernir. Trato de tapar la luz del sol, levanto el brazo izquierdo
sobre mi rostro para hacerme sombra. No miro la estatua del Caballito. Me enfoco
en la foto que ahora acerco a mis ojos.
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jueves, 22 de marzo de 2012
jueves, 8 de marzo de 2012
Mensaje para responder
En la estación Hidalgo escribí una
respuesta. La escribí porque debía contestar, acercarme a esa pared algo sucia, sacar mi lápiz labial y ensayar un “Yo puedo leerte. Att: Pamen.” debajo
de aquellas palabras hechas con tiza verde. Ni modo, bajé del metro y era
ineludible hacerlo, darle una oportunidad al mensaje, decirle que había otro
garabateado a su lado,
con igual letra chueca, seguido de miradas atentas alrededor.
He vuelto a pasar, aún están
escritos. Es magnifica la falta de ética de las aseadoras del metro. Aunque
mañana lo borrarán, supongo, desaparecerán
los
movimientos nerviosos,
los
colores, las
líneas cortadas en lo
áspero de la superficie. Por lo menos lo agradeció. La tiza con la cual escribió, que sostuvo
entre sus dedos índice y pulgar, la dejó orillada a la pared, bajo los
mensajes, estoy segura. Es mi regalo, mi recuerdo de un día de diálogo. Nadie más lo ve, yo
lo sé
al leer
su respuesta a mi
respuesta. La ha dejado para conocernos, para sonreírle a una mujer que pasó a
mi lado y tapó
su boca con una mano
al verme,
antes de entrar al metro. En
el dedo índice
y pulgar tenía una mancha
de
algún polvo verde.
Etiquetas:
Cuento.
Ubicación:
Mexico City, CDMX, Mexico
martes, 6 de diciembre de 2011
Lógica de los lectores
Los lectores recuerdan que “todo lo
publicado en un periódico es verdad”. Ninguno desmiente la frase; ninguno,
siquiera, dice “embuste”.
Y en realidad, quién haría oposición si hasta ahora tal combinación de ocho
palabras es lo único no registrado por la prensa en sus ediciones.
Etiquetas:
Cuento.
Ubicación:
Córdoba, Ver., Mexico
miércoles, 23 de noviembre de 2011
Entrada y salida
El edificio tiene cinco niveles. Su apartamento está
en el último. Para llegar abra la puerta de entrada al primer nivel, camine el
corredor y suba los quince escalones, doble hacia la derecha, camine el
corredor, doble hacia la derecha y suba los quince escalones, doble hacia la
derecha, camine el corredor, doble hacia la derecha y suba los quince
escalones, doble hacia la derecha y camine el corredor y doble hacia la derecha
y quince escalones y derecha y corredor y final del recorrido: la puerta del
apartamento. Abra y entre. Pero cuidado, el semáforo de la esquina aún está en
rojo. Mejor espere para cruzar la calle y preguntarse, observando el edificio
de cinco niveles, si era mejor opción haber tomado el elevador.
Etiquetas:
Cuento.
Ubicación:
Pereira, Risaralda, Colombia
jueves, 3 de noviembre de 2011
Eva
Hubo silencio en El
Jardín. La criatura no podía ser rebajada. Ningún ser vivo del mar, la tierra y
el aire trató de acercarse sin dudar de sus propios movimientos.
Adán, quien en la cima de
una colina intentaba hallar figuras en las nubes, fue distraído por la falta de
sonidos. Cuando siguió la pista de esa ausencia observó que los
nombrados se reunían en un llano. Así que bajó, se abrió paso entre ellos y
encontró a la mujer.
–Puedo vivir con o sin Él
–dijo el primer hombre-, pero no podré hacerlo sin ti.
Etiquetas:
Cuento.
Ubicación:
Pereira, Risaralda, Colombia
martes, 25 de octubre de 2011
Revelación de las sombrillas
Imagine los avatares
recorridos de un paraguas. Imagine su cúpula protectora de
un
llanto de nubes afligidas,
que en el momento de mayor sentimiento promueve una caída súbita de gotas al
pensar en su estado
gaseoso.
Un paraguas es una
evasión elegante, diferente
al
cartón o la
bolsa de plástico en la cabeza de señoras en una sala de estética. También es
parasol, y el desempeño, cuando libera sus prendas en forma de globo, sorprende
en días de poco trabajo y de caminata en los parques. Se despliega alegre ante
un mediodía
inquietante de domingo,
pero nada memorable en la hora de almuerzo de la jornada
laboral.
El paraguas o
parasol puede conocerse como sombrilla,
nombre gracioso al estudiarlo sin semántica en rigor. Y la jaqueca no proviene de la lluvia o del sol; sino de la falta de
sombra. Entonces su labor es de pino o sauce, levanta las ramas para regalar
una oscuridad obsesionada
por pegarse al cuerpo del beneficiario.
El mango, caballito de
madera. Es divertido ver pasar a un señor con su sombrilla bajo el brazo, o a
una señora intentando arreglarla a causa del viento persistente que
en vez de cúpula
abre
un
embudo. Cabría pensar en un paraviento. Sólo imagine la función. ¿Por qué no? Podrían existir.
Etiquetas:
Crónica de humo.
Ubicación:
Pereira, Risaralda, Colombia
lunes, 3 de octubre de 2011
Nota sobre las puertas
Las puertas proponen un problema
filosófico: ellas son el paso de una dimensión a otra. Uno presiente la lejanía
del inicio al emprender el cruce de la puerta que, cuando menos se piense, ya
está atrás.
Así se reconoce haber pasado
satisfactoriamente por un umbral, y dependiendo del interés se dirá “estoy afuera”
o “estoy adentro”. Pero ¿cómo saberlo? Si una persona dice estar en una casa al
abrir una puerta y pasa por ella ¿no estará fuera de la calle y no dentro de la
casa? Y si debe volver a la calle y pasa de nuevo ¿no estará dentro de la calle
y no fuera de la casa? Y al estar cerrada, ¿no habrá intenciones de olvidarse de
la calle en la casa o de la casa en la calle?
Quien haya hecho la primera puerta,
¿habrá pensado en guardar la intimidad de una casa o de una calle? Lo cierto es
que con el objetivo anterior los verbos Salir y Entrar nacieron, cuando el
inventor anhelante de esconder quién sabe qué la cruzó y comprobó la carencia
de errores en su creación. Aunque uno de esos verbos tiene inicio de terquedad
y por ello no se desprende del otro, podría ser, porque o siempre se entra o
siempre se sale.
De todos modos la labor del carpintero
es justificada. Pero si alguien se detiene en el marco de la puerta supondrá
que para eso no fue hecha y la anula de inmediato. Peor aún, si esa persona
sigue obstinada en el marco tiene una parte suya (sea la frontal o la trasera)
por fuera de la casa y la otra por fuera de la calle, o una adentro de la calle
y otra adentro de la casa al mismo tiempo.
¡Caray! Allí hay un monstruo.
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