La nota sobre la pared
decía: Espere aquí, abriremos pronto.
Quien la leyó esperó. Debió recostarse contra el muro y prender un cigarrillo
para poder suspirar y mirar el reloj de mano. En casa comprenderían el retraso.
Nada más urgente había en el día aparte de esas dos oraciones en letra cursiva
y separadas por una coma.
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lunes, 31 de octubre de 2016
jueves, 22 de septiembre de 2016
Sobre tildes que desaparecen en la gastronomía
Existe una palabra campesina con tilde sureña, una palabra que en el norte pierde
ese pequeño hipo lineal y deja el arrebato fonético de las esdrújulas. Ya no es
arepa ni patacón, ya no es huevo frito con yema explosiva ni aguapanela o jugo
de maracuyá. Quién pedirá una cazuela montañera donde el arroz sea un deber
estético, una lengua hecha agua, la sal en una caída sin cordura.
En el inicio del sur la
palabra se pide espesa, prevalece como aroma festivo en medio de la jornada
laboral, vaticina el chocolate junto al calentado en la mañana. En los fogones
cercanos al Trópico de Cáncer, su pronunciación alimenta la gramática de las
graves; es tortilla, sope, gordita y tlayuda. Está en medio del maíz, sobre el
maíz. Provoca las ansias en los puestos ambulantes o en las casas al desayuno.
Viene el bistec, las cebollitas y el queso panela u oaxaca, vienen las salsas
de chile y el ardor apaciguado por un agua de jamaica; viene, también, el
aguacate, pero el aguacate cruza fronteras sin inquietudes de tildes o acentos,
y en ninguna latitud surge la discordia ante el instante pacífico de tal elogio
común.
miércoles, 29 de junio de 2016
Biblioteca Municipal
Los pasillos de la
Biblioteca Municipal fueron recorridos por personas en busca de libros. Me
parece absurdo disfrutar de un lugar donde repiten las letras, las palabras y
hasta las aflicciones.
Sólo hay confianza por preguntas y nombres muertos.
Fui su visitante
accidental. No diré cómo llegué a ese lugar de un tiempo frívolo, pero al
deambular entre las salas de lectura y las colecciones (“Sala de lectura
Vidales”, “Sala de lectura Tejada”, “Colección Chicana”, “Colección Poesía
Cósmica”) encontré una similitud con la memoria de los abuelos donde el polvo y los
anaqueles eran
recurrentes. Tomé un libro de fotografía, uno de “Históricas
Teleológicas”,
y me senté en la mesa con iluminaria oxidada.
Observé las primeras imágenes.
Identifiqué ciertos lugares de la ciudad. En ninguno asomaba una fuga de color
aparte del gris, estética apropiada para un modelo absurdo y ya destruido.
Aunque es un exceso arquitectónico, la biblioteca resultó menos molesta de lo
mencionado en las clases de ‘Autoestima’. Decidí quedarme hasta revisar
algunos apartados del libro sobre la guerra civil, el asesinato de los tres mil
empleados bananeros, la muerte del Caudillo, La Contra-revolución, las tomas y
las retomas, la violencia de los colores y las bombas lanzadas a los edificios
por motociclistas jóvenes. Al final había un capítulo, ‘Perspectivas’. Detallé
un dibujo con anotaciones referentes a la ciudad en un futuro, mi presente, el futuro
de los cadáveres. Nada anormal encontré, eran posibilidades de un proyecto
masivo. Lo sabemos: es nula la relación con nuestra realidad. La
sociedad anterior basó sus rituales informáticos en este monumento al tugurio,
al desborde, al basural,
y
ese trabajo fotográfico pertenecía a otra colección, no a la de “Históricas Teleleológicas”, pertenecía, no
tengo duda, a los ejemplares de “Horror Cósmico”. Ahí lo dejé.
Etiquetas:
Cuento.
Ubicación:
Pereira, Risaralda, Colombia
sábado, 30 de abril de 2016
Mensaje encontrado
Encontré, en uno de los
vagones del metro, el siguiente mensaje. Lo posteo. Toda cosa incoherente tiene un
lugar en Internet:
Prohibición de la CILE
Ayer, buscando la nueva
ubicación de una de las casi extintas bibliotecas móviles de Ciudad de México,
presencié nuestro futuro: un anciano-lector fue capturado por agentes de la
FUR. Lo tenían doblegado sobre una patrulla. De sus ojos corría un hilillo de
sangre y su boca parecía el desbarajuste propio de odontólogos ciegos y sin licencia.
Sentí, lo confieso, miedo. Me
escondí detrás de un auto particular para no ser arrestado. Tantas veces dije que al ver a un lacayo gubernamental
le mostraría cómo la obra completa de Bradbury puede acabar con su cabeza. Era una mentira, no actué; y uno de
los míos desapareció. Siento vergüenza.
Cuando se fueron, me
acerqué al lugar donde libros, papeles y plumas ardieron dentro de un fuego que
rasgó el silencio de la calle. Pegada
en la puerta de entrada de la biblioteca había una alerta de clausura de la
CILE. ¡Está ocurriendo! No es un juego inventado por rebeldes sin ideal. “Cada
generación tiene su lucha”, dijo alguna vez mi padre. Nos han tocado otras
alarmas, otros códigos, otras leyes en piedra. Pero me he quedado con ‘El libro
de los abrazos’ de Galeano, el único a salvo de la ceniza y el escombro. Nadie lo verá. Ya soy,
según los informes televisivos, un “Punitivo”. Esa palabra me cataloga.
Quité la alerta de la
puerta. La adjunto
a este mensaje escrito.
Alguien lo leerá, aunque en el fondo, tal vez, poco
importa.
258: México, Distrito
Federal, colonia Doctores
Esta unidad familiar
será intervenida por la CILE. En su interior se practicó el mal uso de las
letras, incumplimiento de la Norma 35
sobre la propiedad intelectual de los 35 signos del idioma español.
Para justificar
declaraciones, el interesado debe presentarse en las oficinas de la CILE.
Corporación Interina de
la Lengua Española. Delegación México.
Etiquetas:
Mensaje.
Ubicación:
Ciudad de México, D.F., México
sábado, 23 de abril de 2016
jueves, 31 de marzo de 2016
Declaración real
Día uno de la
Editorial-clandestino.
El licenciado Raúl Biza
ha puesto fin al matutino ‘La Víspera’. Dicen que ante una llamada de
atención del Gobierno Central, decidió
terminar
su labor periodística. Por
ello,
en este ‘Editorial-clandestino’, como le han nombrado al presente comunicado,
quienes integrábamos
el equipo de redacción de ‘La Víspera’ seguimos buscando la manera de irrumpir
en el debate público con tinta y unos cuantos kilos de papel sobrante, muy a
pesar de lo sucedido con Biza, quien
luego de recibir la llamada despidió a todo el personal, paró las máquinas
rotativas y se encaminó
(creemos) hacia una central de la FUR. Antes de
dejar la sala de redacción, el Licenciado volvió su rostro hacia nosotros y nos
regaló el último gesto determinante que hemos visto desde hace meses en esta
ciudad callada. Declaramos su legado. Es una pena la muerte pública de ‘La Víspera’ cuando intentó reducir la sección de ‘Gobierno en
Establecimiento’ para reabrir
una página a un tema mitigado
en
los medios impresos de circulación nacional: ‘Cultura en Crónica’.
Etiquetas:
Mensaje.
Ubicación:
Ciudad de México, D.F., México
martes, 22 de marzo de 2016
Vindicación mínima de la caminata
Hay un oficio olvidado
por los protocolos académicos y los cursos empresariales. No tiene un título
válido en papel de buen gramaje y con sello de alguna secretaria de educación.
Los centros de investigación proponen su aparición como
una casualidad en las metodologías etnográficas. No hay universidad que lo
valide, no hay facultad en contra de las rectorías. Es, según eruditos
acartonados y negociantes plastificados, un vínculo con la deshora y los
atracos nocturnos.
Sin una finalidad
para aplausos y celebraciones en restaurantes, el errar es un anonimato de
quien desprende sus pasos en la ciudad y
no deja un hilo detrás suyo.
Etiquetas:
Crónica de humo.
Ubicación:
Tijuana, B.C., México
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