Los lectores recuerdan que “todo lo
publicado en un periódico es verdad”. Ninguno desmiente la frase; ninguno,
siquiera, dice “embuste”.
Y en realidad, quién haría oposición si hasta ahora tal combinación de ocho
palabras es lo único no registrado por la prensa en sus ediciones.
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martes, 6 de diciembre de 2011
miércoles, 23 de noviembre de 2011
Entrada y salida
El edificio tiene cinco niveles. Su apartamento está
en el último. Para llegar abra la puerta de entrada al primer nivel, camine el
corredor y suba los quince escalones, doble hacia la derecha, camine el
corredor, doble hacia la derecha y suba los quince escalones, doble hacia la
derecha, camine el corredor, doble hacia la derecha y suba los quince
escalones, doble hacia la derecha y camine el corredor y doble hacia la derecha
y quince escalones y derecha y corredor y final del recorrido: la puerta del
apartamento. Abra y entre. Pero cuidado, el semáforo de la esquina aún está en
rojo. Mejor espere para cruzar la calle y preguntarse, observando el edificio
de cinco niveles, si era mejor opción haber tomado el elevador.
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Cuento.
Ubicación:
Pereira, Risaralda, Colombia
jueves, 3 de noviembre de 2011
Eva
Hubo silencio en El
Jardín. La criatura no podía ser rebajada. Ningún ser vivo del mar, la tierra y
el aire trató de acercarse sin dudar de sus propios movimientos.
Adán, quien en la cima de
una colina intentaba hallar figuras en las nubes, fue distraído por la falta de
sonidos. Cuando siguió la pista de esa ausencia observó que los
nombrados se reunían en un llano. Así que bajó, se abrió paso entre ellos y
encontró a la mujer.
–Puedo vivir con o sin Él
–dijo el primer hombre-, pero no podré hacerlo sin ti.
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Cuento.
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Pereira, Risaralda, Colombia
martes, 25 de octubre de 2011
Revelación de las sombrillas
Imagine los avatares
recorridos de un paraguas. Imagine su cúpula protectora de
un
llanto de nubes afligidas,
que en el momento de mayor sentimiento promueve una caída súbita de gotas al
pensar en su estado
gaseoso.
Un paraguas es una
evasión elegante, diferente
al
cartón o la
bolsa de plástico en la cabeza de señoras en una sala de estética. También es
parasol, y el desempeño, cuando libera sus prendas en forma de globo, sorprende
en días de poco trabajo y de caminata en los parques. Se despliega alegre ante
un mediodía
inquietante de domingo,
pero nada memorable en la hora de almuerzo de la jornada
laboral.
El paraguas o
parasol puede conocerse como sombrilla,
nombre gracioso al estudiarlo sin semántica en rigor. Y la jaqueca no proviene de la lluvia o del sol; sino de la falta de
sombra. Entonces su labor es de pino o sauce, levanta las ramas para regalar
una oscuridad obsesionada
por pegarse al cuerpo del beneficiario.
El mango, caballito de
madera. Es divertido ver pasar a un señor con su sombrilla bajo el brazo, o a
una señora intentando arreglarla a causa del viento persistente que
en vez de cúpula
abre
un
embudo. Cabría pensar en un paraviento. Sólo imagine la función. ¿Por qué no? Podrían existir.
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Crónica de humo.
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Pereira, Risaralda, Colombia
lunes, 3 de octubre de 2011
Nota sobre las puertas
Las puertas proponen un problema
filosófico: ellas son el paso de una dimensión a otra. Uno presiente la lejanía
del inicio al emprender el cruce de la puerta que, cuando menos se piense, ya
está atrás.
Así se reconoce haber pasado
satisfactoriamente por un umbral, y dependiendo del interés se dirá “estoy afuera”
o “estoy adentro”. Pero ¿cómo saberlo? Si una persona dice estar en una casa al
abrir una puerta y pasa por ella ¿no estará fuera de la calle y no dentro de la
casa? Y si debe volver a la calle y pasa de nuevo ¿no estará dentro de la calle
y no fuera de la casa? Y al estar cerrada, ¿no habrá intenciones de olvidarse de
la calle en la casa o de la casa en la calle?
Quien haya hecho la primera puerta,
¿habrá pensado en guardar la intimidad de una casa o de una calle? Lo cierto es
que con el objetivo anterior los verbos Salir y Entrar nacieron, cuando el
inventor anhelante de esconder quién sabe qué la cruzó y comprobó la carencia
de errores en su creación. Aunque uno de esos verbos tiene inicio de terquedad
y por ello no se desprende del otro, podría ser, porque o siempre se entra o
siempre se sale.
De todos modos la labor del carpintero
es justificada. Pero si alguien se detiene en el marco de la puerta supondrá
que para eso no fue hecha y la anula de inmediato. Peor aún, si esa persona
sigue obstinada en el marco tiene una parte suya (sea la frontal o la trasera)
por fuera de la casa y la otra por fuera de la calle, o una adentro de la calle
y otra adentro de la casa al mismo tiempo.
¡Caray! Allí hay un monstruo.
sábado, 24 de septiembre de 2011
Tejada y El Gato
Para un gato caleño.
Fotografía tomada de: http://www.viajeros.com/fotos/cali-bella-y-exotica/1372331
Vive en la ribera.
Usted lo encuentra por azar. Él
no es un punto fijo en un mapa turístico de Cali. No premedite su hallazgo, no
busque pistas entre felinos agazapados bajo los puentes o en alguna panadería,
lo ignorarán, es seguro. Abandone la esperanza de flechas y nombres dibujados en un
cartel esquinero. Sólo camine sin contar cuadras y suponer rutas de evacuación.
Así lo puede hallar; y aunque usted le hable sobre el clima o los tejados de barro en el
estilo arquitectónico actual (inicio de un saludo), nada de esas palabras le será tan generoso como lamer su pelaje
carmesí y afinar sus bigotes en forma de espiral.
El Gato es un anfitrión
popular entre los pájaros. Ellos descansan en su cola e intentan recordar la
ruta de su vuelo migratorio; una facilidad de hospedaje y búsqueda de ráfagas
de aire procurada sin firmas o monedas al vacío. En las noches visita el Parque del Perro, cuando deja de
ser monumento y adquiere una mirada de ojeras y desengaño que en las mañanas le causa molestias. A él le gusta
la llegada de las tardes, pues unos cuantos caleños tosen y suspiran y bostezan
en las banquitas cercanas, esperan algún maullido personal hecho de palabras
sobre la sucursal de cielo. Debe divertirle no cortar tal misterio y salir en fotografías, aunque evade las especulaciones
ligadas a su soltería y a las gatas de la ciudad.
El Gato no llora. El
río Cali parece no preocuparle. Le da la espalda a la indiferencia de sus
concubinas y le es
indignante la poca consideración: nadie lleva una radio para escuchar Compay gato.
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Fauna.
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Cali, Valle del Cauca, Colombia
miércoles, 14 de septiembre de 2011
Los ciegos
Cuando vio su cuerpo
reflejado en un edificio de espejos, revelando sus rasgos y los de la ciudad a
su espalda, se sacó los ojos.
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Cuento.
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Córdoba, Ver., Mexico
lunes, 5 de septiembre de 2011
El Devora Humanos
Que hay un animal salvaje suelto en
la ciudad, no sé si creerlo, pero no sabemos, la gente puede decir la verdad Soy nueva acá,
y desde mi llegada El Devora Humanos es el tema ritual. Las historias no son pocas y
terminan con sangre y carne y huesos olvidados en la calle. Ayer no más
hablaban de un man desmembrado a la salida de una discoteca de La Badea. Yo visitaba esos lares y no vi
otro igual, como dicen los periódicos. A mí me pica la curiosidad y le
hago muchas preguntas a quien
está cerca. Me gusta conocer respuestas.
La otra vez escuché
sobre una familia entera que al parecer fue despellejada. Me confundí. Pensé,
¡Coincidencia! Aunque
luego de los resultados forenses no había razón para preocuparme. Hasta ahora El
Devora Humanos es un felino grande, un puma o un jaguar según las investigaciones, dice la
prensa. No lo han visto,
y
los especialistas reafirman su conclusión cuando responden las preguntas y
muestran las huellas encontradas en la “escena del crimen”. Yo estaba nerviosa,
en serio, tal vez me culparían
al
analizar mis
patas. Menos mal El Devora Humanos no tiene rostro de mujer. Ya le conté la
historia. Viene la adivinanza.
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Cuento.
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Cali, Valle del Cauca, Colombia
martes, 30 de agosto de 2011
Cuestiones de identidad
De repente, al terminar
el curriculum para un casting de un nuevo seriado televisivo, reconoció haber
interpretado tantos personajes en su oficio, tantos rostros y voces diferentes
entre sí, que entre los papeles de su larga lista actoral confundió su nombre y
no supo de quién era la foto frontal de la presentación.
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Cuento.
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Pereira, Risaralda, Colombia
miércoles, 24 de agosto de 2011
Ciudad fotográfica
En sus últimos años de vida, un fotógrafo reconocido buscó
capturar con su cámara cada lugar o rincón de la ciudad a escala natural y sin olvidar
el más mínimo de sus ángulos. Manchas en los edificios, ladrillos acanalados,
adoquines de los andenes, huellas de personas, relojes en las azoteas, ropa en
las ventanas de los apartamentos, condones usados en los puentes, ascensores,
almohadas, cámaras réflex, chicles pegados bajo pupitres de colegios, cuartos
de moteles, tapas de alcantarillado, rollos revelados y utilizados en empresas
absurdas, piedras, hojas, crayolas, moho en las partes húmedas de un
museo, pelotas y cometas perdidas en
patios traseros, libros en un agáchese y papeles en cestos metálicos, pasaron
por el lente y fueron imágenes para duplicar. Cuando no faltaba espacio por
tapizar, el artista urbano elaboró un cartel, también fotografiado y revestido.
En él escribió una sinópsis sobre su poética. Algunas personas no han leído la
conceptualización de la obra magna, nada han dicho acerca de los cambios en las
calles. Pero quienes lo hicieron no ocultaron el asombro por las posibilidades
del arte. Con orgullo disfrutaban la nueva ciudad.
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Cuento.
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Cali, Valle del Cauca, Colombia
viernes, 19 de agosto de 2011
La muerte del General
Yo estaba en la Plaza
cuando el General habló. En mi casa lo escucharon por la radio, pero yo estaba
cerca de la Plaza y tres soldados me invitaron al evento. Claro, cómo me iba
a negar.
La gente no parecía
asustada, y sostenía banderas de color… mejor no lo digo, después la agarran contra mi
quienes mandan ahora. Si el General hacía pausas en el discurso, las personas
ondeaban las banderas y
nada decían, sólo
se escuchaba un silbido de papelitos en el viento. También unos partidarios me
dieron una,
y ya ahí, qué más sino colaborar.
“A partir de la fecha
la ciudad está bajo el orden de la junta militar. Les recomiendo acatar las directivas dispuestas por la autoridad legitimada. Aconsejamos tener cuidado con las actividades en grupo o individuales opositoras a la Junta, sean
comprensibles, no queremos la intervención de alguno de estos gentiles
servidores suyos”.
Recuerdo… eran más o
menos las líneas del General. Lo dijo en otras presentaciones en la ciudad sin
cambiar una sola palabra, parecía querer acabarlo de tanto decirlo. Luego la ciudad fue tomada por Los Otros, el día
de la Revolución. También estaba yo cerca de la Plaza Central y unos soldados,
digo, camaradas, me
invitaron a la arenga; también había gente con banderas
ondeantes, aunque el
silbido de papelitos en el viento desapareció entre los aplausos y vivas.
En la tarima,
el Comandante
hablaba y no el
general, quien frente a un pelotón esperaba la orden para ser acribillarlo. Lo extraño no era
eso, lo extraño era el rostro del hombre, como si dejara de esperar; y según me dijo uno de
los camaradas, él
tomó esa actitud
apenas se enteró de su orden de captura y el veredicto en la Plaza
Central.
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Cuento.
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Cali, Valle del Cauca, Colombia
martes, 16 de agosto de 2011
¿Dónde está la canica?
El juego de encontrar
la canica en uno de los tres vasos tomó cierta popularidad en la ciudad. Madres
y padres cabezas de hogar entraron en crisis económica al apostar; creían que era un golpe de suerte y
no les parecía raro la falta de un ganador hasta el momento. Pero en una de
tantas mañanas, en la cual pululaban los interesados en el esparcimiento nulo en probabilidades generosas,
apareció el primer y último
victorioso. Fue,
quizá,
quien arriesgó
la suma de dinero
más grande para encontrar la canica tan extraviada a todos. Incluso el
propietario del juego exhibió
una leve irritación en las mejillas al ver tanto billete de alta denominación sobre la mesa. Tuvo unos minutos de duda antes de
emprender los movimientos en zig-zag con los vasos y hablar más rápido y más
duro de lo normal. Al parar no alcanzó a preguntar ¿En dónde está la canica?, pues el nuevo apostador señaló sin
titubear el vaso contrario al señalado por el resto de personas y, en efecto,
ahí estaba.
Hubo un aplauso corto y espaldarazos de felicitación.
Aunque
el ganador partió refunfuñando y sin recibir el pago. Al día siguiente apareció
con una orden de clausura
del juego. Sostenía haber
sido timado según las normas estipuladas en el régimen jurídico
de la
suerte
y el
azar.
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Cuento.
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Cali, Valle del Cauca, Colombia
viernes, 12 de agosto de 2011
Cuestión de mirar bien
Un anciano ciego, sentado en una banca de la Plaza de
Bolívar, le preguntó al hombre que lo acompañaba sobre las palomas y las
semillas en su mano.
–No veo ninguna paloma –respondió el hombre.
–Vea, ahí están, son dos y comen de su mano –reiteró
el anciano.
–Está equivocado, no hay nada.
–Sí hay.
–Pero si no…
–Vea bien.
Después de observar su mano, las semillas y las
palomas, el hombre dijo:
–¡Oiga!, tiene razón.
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Ciudad de México, CDMX, México
martes, 9 de agosto de 2011
Editores de video
Preocupada por la poca
garantía de privacidad en las personas, la Policía Municipal, con apoyo del
departamento de medios de La Corporación, instaló un número desconocido de
cámaras en diversos puntos de la ciudad para afianzar la libertad de locomoción
por los espacios públicos. Un servicio a favor del transeúnte olvidadizo las 24 horas del día.
Muchos de los ciudadanos monitoreados, cuando cometían acciones en contra
de su bienestar,
o el de otros, han sido acusados en el Tribunal Superior, el cual impuso sanciones graves
sin dar derecho a réplica
a los acusados.
No había manera de hacerlo. Las pruebas registradas eran tan contundentes, y en
High Definition, que al ser culpado
después de ver el video, el infortunado aceptaba los cargos sin ninguna objeción a pesar de tener una
familia entera como testigo de sus noches convalecientes en casa por una fiebre amazónica.
Gracias a las cámaras
varios cartógrafos e historiadores de la ciudad descubrieron lugares
desconocidos hasta ahora. Además, arquitectos, diseñadores e ingenieros civiles
corrigieron errores no visibles en las calles antes de ser expuestas
públicamente las grabaciones.
El proyecto funciona en rigor, como se ha podido verificar.
La
mayor parte de este logro se debe al trabajo íntegro de uno de sus principales
equipos, el de
Edición
de Video.
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Cali, Valle del Cauca, Colombia
jueves, 4 de agosto de 2011
Aquí trabaja Tijeras
Hubo una campaña que advertía sobre los peligros
citadinos. En una serie de carteles cualquier persona leía mensajes de
precaución por calles sin alumbrado, taxímetros alterados, vendedores de San
Andresito, soborno a policías, atracos en buses, mimos insistentes y sindicatos
religiosos. El objetivo era describir los incidentes, verificados con la
metodología observación participante, característicos de algún espacio. Donde
había un cartel, algo pasaba. Traemos un ejemplo:
Aquí trabaja Tijeras
Si usted recorre esta cuadra sin cruzar la calle,
conocerá al llamado Tijeras, hombre de generosas palabras y diestro en el
manejo de armas punzocortantes. Es posible verlo sonreír al acercarse y saludarlo,
después tendrá su beneplácito para hurgarle los bolsillos. Crea, así será. El
Tijeras sabe correr, pero no se marcha sin despedirse y garantizar un buen día.
Aunque la inseguridad aumentó, las personas avalaron
la campaña y enviaron cartas al Gobierno Municipal, anhelando mejorar el
contenido de los avisos. En algunas misivas se hacía hincapié en la falta de
información sobre Tijeras, quien, según la opinión ciudadana, era un joven de
hablar lento, engalanado con una gorra de los Chicago Bulls ocho rayas original
y tenis Nike cámara de aire, e innovador en la
fabricación de cuchillos caseros, hechos con bisturí y cinta aislante.
Pero gracias a las políticas de transparencia, los
publicistas encargados de la campaña reestructuraron cuanto pudieron. Semanas
después, la misma pieza comunicativa, en el mismo lugar, decía:
¡Cuidado!, posible maleante
¡No recorra esta calle! Puede ser víctima de ladrones
inescrupulosos que podrán amenazarlo con el objetivo de usurparle sus bienes
personales, e intentarán lesionarlo de gravedad. ¡Deténgase! El bienestar de
los votantes nos importa. Tenga usted un buen día.
Nadie bajó. Las personas que entablaron cierta
relación con Tijeras descartaron volverlo a ver. El objetivo se cumplió, y la
ciudadanía pidió explicaciones al Gobierno Municipal por no solucionar los
problemas detallados en los carteles. Tras arduas reuniones de trabajo del
Concejo local en una sesión cerca de un balneario, se decidió cancelar el
financiamiento de la campaña y reducir la nómina de publicistas, claro,
impulsando la experiencia “rebuscadora” de los profesionales veteranos en la
competencia laboral. ¿Y Tijeras? No tuvo de otra: interpuso una tutela por
falta de apoyo del Estado para desarrollar su oficio con las mejores garantías.
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Pereira, Risaralda, Colombia
lunes, 1 de agosto de 2011
Caudillo
Al escucharlo sabíamos la verdad.
Venía de sofisticar su discurso por los pueblos cercanos. Traía un séquito agitador de pancartas con su
nombre y promulgador de
vivas. Así entró en la ciudad,
y de inmediato fue hacia
la Plaza Central, donde sus seguidores buscaron sitio para el ensamblaje de la tarima
de cara a la campaña.
De tanta algarabía y
ondeada de banderas, varias personas
que
pasaban cerca de
la Plaza se acercaron. Entonces el hombre, cuando veía un buen número de
oyentes, subía triunfante a la tarima y saludaba a la gente mientras acomodaba
su traje. Luego pedía silencio a sus seguidores y con la mano izquierda alzada
iniciaba la arenga.
Cómo y por qué la gente
le creía, nadie lo sabe. Apenas salían las primeras palabras de su boca, el
público quedaba seducido y cada intervención era finalizada con un estruendo de
vivas y aplausos. Muchos lloraron
de la emoción. Hubo quienes lo veían igual a un santo: arrodillados le rogaban no callar su voz, como si fuera el mismísimo
Juan Bautista.
Enérgico, figura de
criollo, cabello engominado, sonrisa continua. Ningún intelectual conocía un tema
desconocido por él. Hablaba de todo y discutía sin temor sobre asuntos
enredados. La gente soñaba con sus sueños cuando discutía en los barrios, en las
casas, desde el palco del Gobierno Municipal, hasta el punto de convertir sus
ideas en obras físicas y morales de la ciudad.
Se ganó nuestro clamor.
Sus enemigos políticos desecharon cualquier ideal propio y coincidieron con su
causa. La Iglesia lo respaldó, incluso
propuso beatificarlo.
No tenía enemigos; y fui yo, el fanático más reconocido en cada una de
sus manifestaciones públicas, el
ejecutor.
Así lo decidimos.
En nuestro día patrio esperé
sus palabras para sentir la felicidad, alcanzarlo entre la multitud con la
necesidad de tocar a un ídolo, ver su rostro cerca al mío y dispararle entre
los ojos mientras le agradecía vivir y conmemorar su nombre.
Nadie me recuerda, pero
sé que a él lo honrarán con una escultura de bronce en la Plaza Principal,
donde las futuras
generaciones escucharán su historia.
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Cali, Valle del Cauca, Colombia
jueves, 28 de julio de 2011
Estetas y decadentes
No encontraron un
motivo justo para juzgarlo, pero los hechos eran tan precisos y la Ley tan
correcta que la Corte Penal de la ciudad debió sentenciarlo a varios años de
cárcel, aunque al hacer su única pregunta nadie se atrevió a mirarlo y los presentes en la sala agacharon
la cabeza. Transcribimos acá su narración de los hechos sobre el asesinato de
su esposa.
“…A mí me preocupaba una cosa. Yo la amo
mucho, y en ese momento no sé qué pasó. Tenemos un matrimonio sólido, tenemos una casa en el barrio industrial de la ciudad. Tenemos dos
hijos… hoy no vinieron. Tenemos nuestros empleos. Estamos bien, lo agradecemos, y no sé qué pasó. Fue sin pensarlo. Dejé de sentir amor y eso me
preocupó. No era otra mujer, ni deudas con los bancos, ni consejos de amigos o
porque estuviera fea; simplemente llegué una noche a la casa y la vi en el comedor, sentada, leyendo.
La vi y nada sentí.
Cómo iba a sentir nada
si la he amado. Claro, ella
ya
andaba intranquila pues yo no era el de antes. Me encerraba en el baño para no
verla o buscaba dormirme rápido. Ya ni soñaba con ella. Una vez preguntó sobre
mi actitud. “No pasa nada, simples problemas de trabajo”, le dije; y no aceptó mí
respuesta, ni yo me hubiera tranquilizado con esa cara de evasión mía. Entonces
al mirarla comprendí. No podía quedarme sin amar. Volvería a ser mía; y esa noche,
cuando me preguntó sobre mi falta de atención y yo le salí con el cuento del
trabajo, la agarré del cuello y la llevé hasta la cocina donde busqué un
cuchillo. Se lo clavé cinco veces en el pecho. La amé de nuevo.
Agonizó
entre mis brazos y me observó
sin comprender… La amé de
nuevo.
Pero díganme, ¿quién no quiere recuperar lo más preciado?”.
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lunes, 25 de julio de 2011
Juana
Entre sus amistades había un astrólogo. Cierto día lo topó en un café. Preocupada, y en busca de una opinión confiable, le
empezó a comentar
sobre la posible quiebra de su negocio. El atrólogo la interrumpió con un carraspeo,
levantó una mano y dijo "Hoy no trabajo"
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martes, 19 de julio de 2011
Alguien viajando en bicicleta hacia Argentina
Para su primera novela tenía una libreta de apuntes
sobre lo que no iba a escribir.
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Pereira, Risaralda, Colombia
martes, 28 de junio de 2011
Fifo
Mientras caminaba hacia el periódico, se vio a sí
mismo en un paradero de bus, en la otra acera de la calle. No se saludó. Recordó que se debía 20 mil pesos.
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Pereira, Risaralda, Colombia
miércoles, 22 de junio de 2011
Cindy
Cada domingo, en
temporada de lluvia, caminaba por las calles de Cali aguardando sentir su
cuerpo mojado. Entre semana no olvidaba la sombrilla.
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Cali, Valle del Cauca, Colombia
miércoles, 8 de junio de 2011
Talita
Descubrió un granito de arena de playa
en el centro de Bogotá.
–¡Bien! –dijo–. El mar está cerca.
miércoles, 1 de junio de 2011
Gloria
Quería establecer una prueba al amor. Si el hombre
anheloso de un desayuno en la cafetería de la esquina la haría feliz, pensó, esperaría allí,
sentado frente a sus huevos rancheros y café, mientras ella terminaba su turno
laboral. Ese día fue invitada a una fiesta y olvidó al hombre anheloso de un
desayuno. Días después pasó por la cafetería y lo vio sentado en el mismo lugar,
frente a un plato de
huevos rancheros y una taza de café sin probar aún.
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Pereira, Risaralda, Colombia
viernes, 20 de mayo de 2011
Luis Vidales
Descubrió otra calle cuando llegó la noche. Al amanecer se perdió
y esperó la oscuridad
para encontrar el camino a casa.
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Córdoba, Ver., Mexico
martes, 3 de mayo de 2011
Postal del abuelo
Mi abuelo no dejó su pueblo. Aún vive en aquella casa
de habitaciones amplias y luz generosa. Por las tardes sale con el único
interés de saludar a los vecinos, encontrar un lugar en la cafetería del parque
principal y pasar las horas y el calor. De noche juega parqués con los
amigos, recorre las calles de sus recuerdos y sigue con voz ronca no sé qué
melodías de guitarra y aguardiente.
Cuando llega a casa, piensa en la abuela. A veces lo
siento triste. La contempla, le canta y la busca al dormir. Yo lo he escuchado
dedicarse a ella en sus palabras.
Mi abuelo sigue en ese otro pueblo, no reconoce las
fotografías y los relatos de la historia. Es costumbre cerrar la ventana de su
habitación cuando duerme. Con el frío de esta ciudad puede enfermarse y no
quiero que deje de soñar con la abuela y olvide su tiempo de caminatas y
parqués.
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Armero, Tolima, Colombia
martes, 19 de abril de 2011
Finales en Kumbala
Conozco a un barman que escribe historias cortas en una libreta sobre las
posibles muertes de los posibles clientes de Kumbala.
Son pasajes anecdóticos,
contados en primera persona, donde la descripción de una mancha de sangre cubriendo
el anillo de matrimonio del asesino, es un reclamo milimétrico a las plantillas
genéricas en la literatura amarillista.
En la libreta, sin mentir, hay tantos finados como días tiene el año. El barman observa a las personas cuando entran al bar, prefiere a las
solitarias nocturnas, y si encuentra algún movimiento torpe en cualquiera (No puedo descifrar
su método de selección
entre
quienes van
por un trago),
él mismo la
atiende;
espera con paciencia dónde se ubicará, su
orden
y luego pregunta el nombre. Entonces anota los datos en una hoja limpia y
propone
la historia. Al terminarla le
invita
un trago a la agradecida y ficcionada víctima. El barman responde toda amabilidad, y dice: “No agradezca,
algún día usted se muere y es bueno llevarse un buen recuerdo de este rincón de la ciudad”.
Fue una mujer quien tomó la libreta olvidada sobre la barra. Hojeó un poco, sin interés, pero al leer una de las narraciones dejó unos billetes bajo la botella de cerveza
y salió del
bar.
Paró
un taxi al otro lado de la calle,
lo recuerdo. Antes de subir al auto miró hacia el interior de
Kumbala, hacia el lugar donde estuvo sentada. La bebida, su dinero y la libreta
seguían en el mismo punto. Trató de buscarme con sus ojos.
Evadí aquella mirada.
Lo
duro de la situación
me permitía ese desplante.
En la tarde del día siguiente las noticias radiales anunciaron otro suicidio: una joven de 30 años se lanzó desde el octavo piso del edificio
de la lotería local. Ya iban 7 en lo corrido de la semana. Yo escuché el informe mientras planchaba
mi
traje de gala, pues
en
la noche se festejaría en
Kumbala el surgimiento de otro narrador
pereirano.
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Ubicación:
Pereira, Risaralda, Colombia
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